Vía Augusta
Alberto Grimaldi
23-F: más que una desclasificación
Las redes sociales hierven con la llegada a España del movimiento ‘therian’, gente que va a cuatro patas por la calle y los parques con una careta y un rabo postizo. No es por gusto, es porque se sienten identificados con animales… No es un disfraz, es, según ellos, “algo espiritual”. Los hay de todo tipo y especie. Están quienes juran ser un samoyedo o un bichón maltés y van por ahí jadeando y ladrándole a las sombras; también están los que trotan como caballos de pura raza e, incluso, algunos que ves reptando al estilo de las serpientes. Con respecto a los felinos, diré que, si bien es posible hallar numerosos ejemplares de siameses o persas ronroneando por las esquinas, no se ha descrito hasta el momento ningún caso de mi raza favorita, el gato de venta. Comoquiera que este comportamiento inquietante parece estar llegando también a Andalucía, creo conveniente advertir que, en Jerez, y aunque te sientas identificado plenamente como una cabra montesa adulta, debes evitar a toda costa ir a brincar por la calle Caballeros. En el mejor de los supuestos acabarás con un esguince doble de tobillo.
Pensando si en mi generación hacíamos cosas parecidas a esta he recordado que, en ocasiones, cuando quedábamos para jugar al fútbol, imaginabas ser el delantero estrella de la liga y casi podías escuchar al público bramando en las gradas después de marcar un gol. Más de una vez, subidos en las bicicletas, nos creíamos los niños de Verano Azul o la pandilla de Elliot en plena huida hacia el bosque, pedaleando con todas nuestras fuerzas para llevar a E.T. de vuelta a casa. Jugábamos a ser los Cazafantasmas con una caja de cartón a la espalda, surcábamos las galaxias a bordo del Halcón Milenario sin levantarnos de los escalones de una casapuerta, y con una toalla roja al cuello y los dos brazos al aire, no había ninguna duda de que éramos Superman. Pero a nadie le daba por tirarse desde un noveno para comprobarlo.
El combustible de esa ensoñación a borbotones, nuestro condensador de fluzo particular fueron el cine, la televisión, los libros y la música. Y sí, también nos sentimos en algún momento en la piel de David Bowie, Bono o Mick Jagger. Pisábamos el suelo bendito de los juegos, la imaginación y las ilusiones. De ahí a sentirse un caniche y comportarse como tal va un mundo. Aunque, pensándolo bien, llevamos toda la vida cruzándonos con perros, zorros y víboras. La diferencia es que ahora van tuneados.
También te puede interesar
Vía Augusta
Alberto Grimaldi
23-F: más que una desclasificación
¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
El bulo que viajó de la derecha a la izquierda
Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez, junio de 1970: magnates del petróleo, ‘La Peñuela’, José Herrera y Jaime Walter
La ciudad y los días
Carlos Colón
Walker Evans: verdad y dignidad de la existencia
Lo último