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José Rico Pavés / Obispo de Asidonia-Jerez

Campañas en Cuaresma

26 de febrero 2026 - 19:18

ESTE año el comienzo de la Cuaresma ha venido acompañado de dos campañas de especial relevancia: la campaña contra el hambre de Manos Unidas y la campaña 40 Días por la Vida. Cuando la Iglesia nos invita a recorrer el camino que desemboca en la Pascua, se hace de nuevo evidente que la señal inequívoca de la conversión verdadera es la purificación del corazón, reconocible en las obras de misericordia. Quien no rehúye el encuentro renovado con Cristo y tiene la valentía de reconocerse ante Él necesitado de perdón, hará suyas las palabras del salmista: Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado… Hazme oír el gozo y la alegría… Devuélveme la alegría de tu salvación (Sal 50, 3-4. 10. 14). La cuaresma es camino para recuperar la alegría que salva. Al gozo indecible de la Pascua solo llega quien se deja tocar por la misericordia del Padre, acompañando al Hijo en su pasión, muerte y resurrección, y siendo dócil a la acción interior del Espíritu Santo. Creados a imagen y semejanza de Dios, la alegría que nuestro corazón reclama solo se alcanza en el abrazo de la Trinidad Santa.

La liturgia y la piedad popular nos muestran el camino por fuera. La conversión y las obras de misericordia son la prueba de que el camino se recorre también por dentro. Necesario es un corazón renovado para superar la indiferencia perversa ante el drama del hambre en el mundo y vencer la lacra vergonzosa de la aceptación social del aborto. Se puede vivir provechosamente la Cuaresma poniéndonos en “estado de campaña”.

Manos Unidas recupera este año el grito valiente que coronó hace sesenta y siete años el Manifiesto de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas de 1959: “Declara la guerra al hambre”. Es abrumador comprobar que aún muchas regiones de la tierra siguen sumidas en una pobreza crónica y la plaga mortal del hambre sigue dañando a millones de personas. La solución sigue pasando por cumplir lo que anuncia el nombre de esta Asociación pública de fieles: cuando se supera el protagonismo individualista y se fomentan los vínculos de comunión, las manos unidas alcanzan metas que parecían inalcanzables. Cuando actuamos dando de comer al hambriento recibimos el regalo inmerecido de una mirada purificada, capaz de ver el Rostro de Cristo en el necesitado. Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos? Al inicio de la Cuaresma, la liturgia nos transmite las palabras siempre vivas de Nuestro Señor: En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis (Mt 25, 37. 40).

La campaña 40 Días por la Vida nos invita a cultivar la comunión desde otra dimensión fundamental de la identidad cristiana: la oración. Se abría la Cuaresma el miércoles de ceniza con la invitación a empuñar las armas espirituales para afrontar el combate de la conversión: el ayuno, la limosna y la oración. El Papa León nos ha propuesto ensanchar el ejercicio del ayuno extendiéndolo al lenguaje y la comunicación: ayunemos de toda conversación ociosa y dañina, desarmemos la palabra hiriente y cultivemos el lenguaje de la amabilidad. Quien acoge sin filtros la Palabra de Dios descubre que darse es más importante que el simple dar: cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas (Is 58, 10). La Campaña por la Vida nos invita a orar unidos para que la conversión llegue a quienes miran para otro lado ante el drama terrible del aborto. Cuando se anuncia la visita próxima del Sucesor de Pedro a España, resuenan siempre jóvenes las palabras valientes del gran Papa Santo Juan Pablo II en su primer viaje apostólico a nuestra tierra: «… quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el fundamento mismo de la sociedad. ¿Qué sentido tendría hablar de la dignidad del hombre, de sus derechos fundamentales, si no se protege a un inocente o se llega incluso a facilitar los medios o servicios, privados o públicos, para destruir vidas humanas indefensas?» (Juan Pablo II, 2.11.1982). ¡Vivamos la Cuaresma “en campaña”!

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