La Crestería

Manuel Sotelino

San Fermín y la carrera oficial

Dicen muchos ‘sanfermineros’ jerezanos que es una delicia ver la procesión que el día 7 de julio por la mañana se organiza en Pamplona con la imagen del Santo Patrón de Navarra. Sale San Fermín con su capotito y las marchas que toca ‘La Pamplonesa’ retrotraen a muchos a las procesiones andaluzas. Suena ‘Mater Mea’ o ‘Amarguras’ y aquello retoma un sabor muy nuestro.

Tras la procesión llegan los encierros que ya se encargó Hemingway de que fueran mundialmente conocidos. Y con los encierros, un diseño de calles perfectas donde los toros corren y los mozos los conducen con sus periódicos hasta el coliseo navarro. Son decenas de años con un recorrido propio y que ni se cuestiona tocarlo.

Haciendo un paralelismo con nuestra querida carrera oficial, habría que decir que, aquí, una vez que se tocó, se abrió la Caja de Pandora; y aún no hemos llegado al consenso necesario para contentar a todos. Y posiblemente no lo habrá. La carrera de Santo Domingo –sin tener que ver en nada con la cuesta de Pamplona- Cristina, Monumento al Carruaje, Marqués de Domecq o Aladro. Y todo ello sin contar con la plaza del Banco o Gaitán. Del Monumento a las Cofradías, ni hablemos. Pues hubo planos que desaparecidos están. Y eso que era una carrera que sólo ofrecía ventajas, era funcional y recuperaba todos los palcos y algunos más, condición sine qua non para no alborotar a los hermanos mayores. Nadie conoce a nadie y nadie sabe dónde están los planos.

Y todo ello por haber tocado la máquina perfecta que era la Rotonda de los Casinos. Se tocó un cable y aquello dejó de funcionar. En Pamplona, lógicamente, es otra historia. Ni hay palcos ni repartos que valgan. Pero allí al menos han decido tocarlo todo menos el recorrido. Y a pesar del antideslizante y de los bueyes, todavía el encierro conserva su encanto.

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