A diestro y siniestro

La derecha se divide... y pierde

Hay dos grandes tendencias: antiguos votantes de Podemos van al PSOE y ex votantes de PP y C´s engordan a Vox

La división del centroderecha en tres partidos (PP, Ciudadanos y Vox) les salió bien en las elecciones andaluzas. Tanto que sus dos facciones más moderadas pudieron formar una coalición de gobierno en la Junta de Andalucía a pesar de que las elecciones las ganó el PSOE. Pero ahora, en las elecciones generales, la misma división va a salirles muy mal: ganará igualmente el PSOE, pero esta vez también podrá gobernar.

Es así por las transferencias de votos entre los distintos partidos políticos y por el sistema electoral. Transferencia de votos: en los últimos meses muchos antiguos votantes de Podemos, los menos radicales, han pasado a apoyar al PSOE (sobre todo los ex votantes socialistas que habían engrosado Podemos en 2015 y 2016) y muchos antiguos votantes de PP y Ciudadanos, los más conservadores, se han refugiado en Vox. Cuántos en cada bloque nadie lo sabe. Probablemente son más los trasvasados podemitas al socialismo que los intercambiados dentro de la derecha, y eso ayudará a Pedro Sánchez.

También le va a ayudar el sistema electoral. Pero no el mecanismo de asignación de escaños (ley D´Hont) por sí mismo, sino el hecho de que la circunscripción electoral sea la provincia. Concretando, que es gerundio: hay 28 provincias de población escasa, en las que se eligen menos de cinco diputados. En total, un centenar de escaños se ventilan en lugares donde solamente dos partidos, tres a lo sumo, van a conseguirlo. Los partidos que queden cuartos y quintos en estas provincias se quedarán sin representación parlamentaria. Y mientras en la izquierda los contendientes son dos y es claro el predominio de uno sobre otro, la derecha comparece escindida en tres partidos, no tan distantes entre ellos. La derecha parece esta vez abocada a "desperdiciar" más votos que la izquierda. Al contrario que en Andalucía.

La testarudez de los hechos se impondrá el 28-A a la testarudez de las estrategias partidistas: los resultados electorales dictarán la política de pactos y coaliciones, y doblegarán toda clase de cordones sanitarios, vetos y firmezas. Lo que aparece en el horizonte es una coalición PSOE-Ciudadanos, si es que juntan mayoría absoluta, o un pacto PSOE-Podemos-nacionalistas al que no le haría ascos el inescrupuloso Sánchez. Por eso no se comprende mucho que Rivera insista tanto en negar la primera opción. Las urnas decidirán. ¿O va a preferir que cogobiernen España los que quieren acabar con ella?

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