Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
Tarde noche de perros -en cuanto a la climatología se refiere-. El pasado martes 13 en efecto nos reportó la mala suerte -¿asiste la estadística de la razón a los irreducibles supersticiosos?- del temporal a ratos inclemente. Llovía a cántaros. Como si san Pedro hubiese roto a llorar a lágrima viva -esto es: a mares-. De la remembranza de Noel pasamos -en un periquete- a la omnipresencia de Noé. Los chaquetones de los menos previsores, chorreantes del líquido elemento. El abrigo de aquel paseante en corte se ha empapado hasta las trancas. El asfalto hace las veces de pista de patinaje para diestros en pasos resbaladizos. Nadie osa guarecerse a la intemperie. Los paraguas se despliegan como sombrillas en el tiempo equivocado. De algunos tejados comienza a caer en picado el remedo de las Cataratas del Niágara (pero sin la silueta de Marilyn Monroe por allí pululando). Hay quien -en el alarde de la extrema exageración imaginativa- acurruca en sus pensamientos el Episodio Pluvial Carniense que favoreció la evolución de los dinosaurios. No asistimos a una mera tormenta de verano. Los pantanos se tumban a la bartola -viéndolas venir- panza arriba. Sed de salvación, a sus alabanzas y honores. Los taxistas intensifican la recepción de llamadas. Estos profesionales al volante ofrecen -antes y ahora- un servicio ejemplarizante. Jerez avanza, Jerez progresa, Jerez se moja. También en la controvertida fecha de un martes 13.
A las siete y media -hora vespertina de puntualidad inglesa- la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras había convocado su habitual sesión semanal pública -abierta y de acceso libre hasta completar aforo- para la estatutaria toma de posesión -dícese lectura de discurso de ingreso- de César Saldaña Sánchez como académico numerario. Lustre protocolario para el ya oficial ilustrísimo. El fuerte aguacero no impidió el lleno absoluto -a rebosar- en la sede social de la docta casa. El chaparrón anduvo por un carril -el de la canción ‘Gotas de lluvia que al caer’ en la voz de Jaime Morey- y la decisión unánime de más de un centenar de jerezanos -arropar sí o sí a Saldaña- por otro. Aforo completo en el salón central de actos, aforo completo en el ala izquierda reservada para los académicos y aforo completo en la zona contigua (rellano) frente a la pantalla de retransmisión en directo. A juzgar por el número de personalidades congregadas -primeros espadas de la representación institucional/empresarial- y a su vez del nivel expositivo, intelectual, comunicacional tanto del ponente y protagonista de la noche como, en idéntica lid, de su contestador José Luis García Ruiz -catedrático de Universidad de Derecho Constitucional, doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid-, cuanto aconteció en el domicilio académico pudo considerarse -no a grandes rasgos y sí “en derechura”, que fue expresión precisamente usada por Saldaña al hilo de sus aseveraciones sobre la agricultura- un acto social en toda regla. A tal señor, tal -masiva- respuesta.
Saludé, entre otros/otras (cito -grosso modo- de memoria, disculpen los involuntarios olvidos: -el orden o desorden del listado es aleatorio), a Manuel Fernández García- Figueras, Manuel Antonio García Paz, Francisco Garrido Arcas, Juan María Vaca Sánchez del Álamo, Evaristo Babé Romero, José Luis García Ruiz, Bernardo Palomo Pachón, Pilar Chico López, Mauricio González Gordon, Angelita Gómez Sánchez, José Miguel Merino Aranda, Felipe Ortuno Marchante, Francisco Antonio García Romero, Felipe Morenés Giles, Joaquín Ortiz Tardío, Jesús Medina García de Polavieja, Juan Salido Freyre, Juan Carlos Durán Alonso, Jesús Rodríguez Gómez, Mauricio Gil Cano, Paloma Ruiz Vega, Eduardo Gómez Beser, Agustín Muñoz Martín, Nela García Jarillo, José Luis Jiménez García, Javier Maldonado Rosso, José Ramón Estévez Puerto, Javier Sánchez Rojas, Beltrán Domecq Williams, Carla Puerto Castrillón, Javier Gómez Vallecillo, Luis Salido Freyre, Juan Manuel Pardo Domecq, Álvaro Real Jiménez, Pedro Rosa Jordi, Alejandra Guerra Castellano, Antonio Real Granado, Carmen Oteo Barranco, Fulgencio Meseguer Galán, Pepa Parra Ramos, Carmen Aumesquet Rodríguez, Manuel González Gamero, Emilio Lustau Ortiz de la Latierro, Domingo Martínez González, Rafael Marín Romero, Salvador Galván Blanco, Jorge Pascual Hernández, Ana María Sabido Galera y Francisco Valenzuela Sánchez.
Saldaña llegó, vio y venció. El espacio apremia y tampoco es mi papel ahora desglosar el contenido de su brillante discurso. Me gustó la expresión “charlarse unas copas entre amigos” y cómo la primera se dedica a los presentes, la segunda a los ausentes y la tercera a nuestros tiempos pretéritos. Indicó César que la cuarta copa y sucesivas podrán llegar o no, siempre a tenor del criterio personal en tanto en cuanto ya lo proclamaron los siete sabios de Grecia: “Conócete a ti mismo”. O, igualmente y a colación, la máxima de san Agustín: “Conócete, acéptate, supérate”. Aún así, “Manuel Alejandro dice que la copa buena, buena, buena, es la tercera”. Cinco mensajes subrayé: a) respetemos nuestro paisaje, b) conozcamos nuestra historia, c) cuidemos cada cepa y su larga vida, d) reconozcamos el tiempo como uno de los recursos del milagro del vino y e) valoremos el mencionado tiempo para reconocer e incluso comprender este genuino y universal caldo de la tierra. César estuvo tan certero que ni por asomo hizo aguas. En la calle, mientras tanto, sólo había yermo asfalto y machadiana monotonía de lluvia tras los cristales.
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