José Manuel Grandes Merello

La belleza

08 de noviembre 2023 - 10:55

La belleza no es esa magnífica canción de Luis Eduardo Aute.

Me paro a pensar a veces en la cantidad de dinero que el ciudadano medio gasta en cosméticos y operaciones estéticas, las subvenciones y patrocinios de miles y miles de pasarelas de alta costura o moda más chic y me echo a temblar.

Viviendo un momento donde la elegancia y el buen gusto escasean (condición que usa prendas, por lo general, no precisamente caras en comparación con marcas millonarias que llenan las calles y tiendas de cutrez) no seré yo el que se ponga a criticar el consumo y la preservación de la buena presencia.

Creo que la buena presencia y la elegancia (del latín, el que elige bien) no se alejan para nada de la naturalidad, la sencillez y el sentido común.

Tristemente hoy muchas marcas y tiendas de moda millonarias hacen que los consumidores consideren que la belleza es cara, estrafalaria y antinatural y esto ha dado pie a que hoy más que nunca (y no por motivos razonables) muchas personas no estén a gusto con su cuerpo y se quieran operar algo: los dientes, los labios, injerto capilar, bótox, reducción de estómago…etc.

No seré yo el que cuestione ese proceder, si ello genera en los que lo hacen, autoestima y armonía y siempre y cuando la operación no suponga para “el operando sin apenas defectos sobresalientes” , entender que es necesario hacerlo no para sentirte más bello sino para serlo, sin embargo, qué duda cabe que para tres cuartas partes de la población mundial no entra en sus planes soñar con una modificación corporal.

Creo recordar que nunca he ido a ninguna pasarela de moda y aunque no me gusta prejuzgar, a veces, percibo que el ambiente propio de algunas de ellas suele ser superficial y cerrado.

Seguramente, si alguna vez asisto a alguna me llevaré una sorpresa y me encontraré con gente fabulosa y abierta, Dios lo quiera. Pido públicamente aquí que me inviten a alguna para poder desmontar prejuicios.

Al hilo de esta impresión, una vez escuché que el título de Miss Universo se lo deberían haber dado en alguna ocasión a la Madre Teresa de Calcuta porque ella era imagen de esa belleza auténtica y extraordinaria que no se ve en televisión y que embellece y alegra en verdad a todo ser humano, porque su belleza nada tenía que ver con el lucimiento del aspecto físico sino con el interior como fuente de amor y bien. Suscribo esa máxima.

De manera contradictoria la Madre Teresa, no respondía en aquella época a los parámetros estéticos de entonces (que son los actuales) porque además de ser bajita, poco agraciada físicamente, haber envejecido antes de tiempo y no haberse operado en la vida, sólo únicamente usaba una prenda de vestir, el sari, (hecho que no ayudaba al consumo) además de haber vivido una vida de extrema austeridad.

Esta paradoja me ha llevado a pensar en lo sugerente que sería que las empresas privadas y los estados revertiesen la situación y concediesen patrocinios y subvenciones para organizar pasarelas de la Belleza auténtica, llenos de ¡modelos de verdad!(hombres y mujeres) que en su camino quisieron emular la belleza (como fuente de amor y bien) que encarnaba la Madre Teresa.

Aunque la televisión y los medios de comunicación lo nieguen estoy convencido de que en esa pasarela no se cabría porque hay mucha gente buena en el mundo. Y esa gente buena (como la Madre Teresa) no pierde el tiempo en ir a la moda y en que querer resplandecer ante los focos.

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