Inmolación

Rueda de prensa de María Jesús Montero tras rechazar todas las autonomías menos cataluña el modelo de financiación autonómica pactado con ERC.
Rueda de prensa de María Jesús Montero tras rechazar todas las autonomías menos cataluña el modelo de financiación autonómica pactado con ERC. / J.J. Guillén · Efe

16 de enero 2026 - 05:45

MARÍA Jesús Montero se inmola. Y lo hace para intentar que Pedro Sánchez se sostenga en La Moncloa hasta 2027, lo que agrava su sacrificio porque rompe con una de las conquistas del pueblo andaluz: la autonomía arrancada en el referéndum del 28 de febrero de 1980 significó la igualdad de todos los españoles. Aquella gesta no fue simbólica: fue el acto fundacional que dio forma al actual Estado de las Autonomías. El socialismo andaluz capitalizó aquella conquista, sin la que no se entiende una hegemonía política que duró más de 37 años. La autonomía andaluza logró un país más igualitario frente a un diseño que dividía a los españoles en categorías según su residencia y su riqueza.

Lo dramático del movimiento de Montero es que traiciona precisamente ese legado. La ministra fue, como consejera de Hacienda, una de sus portavoces más firmes. Denunciaba privilegios, rechazaba las asimetrías y reclamaba un sistema de financiación multilateral. Su discurso era claro: Andalucía debía defender la igualdad porque ese principio era su acta de nacimiento autonómica. Ahora, empero, se presenta como garante de un modelo pactado previamente con ERC, anunciado por Oriol Junqueras antes que por el Gobierno, rechazado por todas las comunidades salvo Cataluña, incluso por Castilla-La Mancha y Asturias, los otros dos gobiernos regionales socialistas.

Montero asegura que el modelo será voluntario, pero la voluntariedad no borra la deslealtad simbólica: es la excepción catalana la que marca el diseño, no la igualdad entre territorios. Para Andalucía, una tierra donde la autonomía se vivió como una conquista colectiva, este giro es algo más que una renuncia técnica: es una abdicación política.

Y tendrá consecuencias electorales no solo en Andalucía: Pilar Alegría, en Aragón, carga con el peso de justificar una reforma territorial que perjudica a su región. Pero en Montero la contradicción es más dolorosa porque afecta a los cimientos ideológicos de su partido. Ella no solo rompe con la tradición del PSOE andaluz: rompe con su propio discurso.

Quizás su cálculo incluye que las Cortes Generales no aprueben la reforma como ley. Si es así, mayor es la inmolación: Montero sacrifica la bandera que hizo fuerte al PSOE‑A –la igualdad territorial nacida del 28‑F– para sostener la legislatura inviable sin saber siquiera si Sánchez ganará tiempo. Lo que es seguro es que en Andalucía, aun con más fondos, se la verá como la candidata que traiciona sus principios. En política hay contradicciones que se pagan durante decenios: que le pregunten a la derecha andaluza.

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