Jerez íntimo
Marco Antonio Velo
Jerez: estados de buena esperanza, natalicios y defunciones (y IV)
No todos los subterfugios saben a menta. Ni todas las predicciones azuzan garantías de certeza. La belleza de la vida -eso sí- no admite casquivanas excusas. El tiempo se repliega -a veces a capricho; otras al ralentí e incluso, de higos a brevas, al retortero- entre los embalses del pasado pero asimismo en dirección contraria: quiere decirse: también reaparece según las intensidades cromáticas del verde esperanza, esto es: en el trazo unicolor del futuro. El tiempo no desnutre sus contornos. Cuanto ha de suceder siempre se torna -para ti, para mí, para ellos- campo abierto. Porque allí donde planta cara un 1% de posibilidad… enseguida comparece el 99% de fe. El pasado no fue mero flatus vocis -o helio de globo sonda-. Cuanto (nos) aconteció curte el espíritu y adoba la experiencia. Entre el ayer y el mañana se instala el carpe diem. El hombre sensible cultiva esta meticulosa observancia. El hombre insensible, por su parte, se pierde en martingalas. El hombre sensible otea la profundidad del horizonte. El hombre insensible se topa de bruces con la obviedad de un muro de mampostería. Luis de Góngora y Argote habló de “la aurora de ti misma”. Y Francisco de Quevedo hizo referencia al porvenir post mortem: “Vivirán en mi sombra mis cuidados”. Ni la muerte es sinónimo de olvidanza ni los paritarios con cama multifunción, monitores fetales y cunas térmicas caerán en desuso…
Jerez convive con la nómina de sus fallecidos y con el censo de aquellos que antes o después nacerán. Nunca como cuadrilátero Excel de pérdidas y ganancias -entre el fatalismo de los idos y la revolución de los recién nacidos- sino como coexistencia de identidades que confluyen cronológicamente en la línea recta de lo sincrónico. A los bebés jerezanos les aguarda un porvenir desprovisto de ataduras. Ya nos aleccionaba a tal dictado el Quijote: “Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”. En paralelo los adultos somos representantes del patrimonio inmaterial -impagable por lo común- que nos legaron nuestros antecesores -hoy ya empadronados junto al Altísimo-. Suelo repetir el entrecomillado de Antoine de Saint-Exupéry: “Del que ha muerto, debemos atesorar su memoria, de forma más presente que una persona que vive”. Esta aseveración me vino a las mientes cuando hace un par de sábados asistí al funeral de Juan García-Pelayo. Calma chicha, silencio que preside, como en la sobremesa de un Jueves Santo. Así -como en una tácita evaluación del concordado respeto que nada revierte en artificio- procedió la concurrencia de familiares, amigos, compañeros, colegas y allegados en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves. ¿Estoy en lo cierto, Pablo Guerrero Pemán? Exequias: espacio fronterizo: punto de partida…
Los sentimientos dibujan círculos concéntricos en torno a la memoria de Juan. Ya adelantó Mevlana Rumi que “todo lo que gira procede de la iluminación del centro”. Y en el epicentro del bueno de Juan -y en el origen y destino de todas sus acciones- siempre estuvo Dios. Fundamento de su Fe. Como así nos aleccionó el papa Francisco. Como así escribió san Agustín. No tuvo -ni contuvo- palabras más certeras el sacerdote Francisco Fuego en su tributo a la memoria de Juan: “Siempre intentó ser un hombre humilde y sencillo. En su vida procuró la humildad amando al prójimo. Fue un enamorado de la palabra de Cristo. Feliz y orgulloso de sus hijos, Juan era un hombre bueno, muy cariñoso, que confiaba al máximo en la Divina Providencia y en el Ángel de la Guarda”. Entre otros, en el altar, además del mentado Francisco Fuego, no faltaron Federico Mantaras, Miguel Ángel Montero, Luis Salado, Enrique Soler, Pablo Gómez y/o Francisco Holgado. Juan, sin duda, ha dejado huella cumpliendo los versos de Pemán en ‘El divino impaciente’: “No hay virtud más eminente/ que el hacer sencillamente/ lo que debemos hacer”. Y por ello Dios lo tiene ahora en su Gloria.
Finalizo estas cuatro entregas del presente serial de ‘Jerez íntimo’ con el anuncio de un estado de buena esperanza que ha satisfecho todos los recodos de felicidad de los numerosos jerezanos que conocen de cerca a la encantadora pareja -matrimonio feliz, nacidos el uno para la otra y la otra para el uno- formada por Carmen Holgado Sánchez y Miguel Sánchez Aranda. Nobleza, quilates de humanidad, amistad sin devaneos. Carmen -pureza cn la comisura de su sonrisa- está embarazada. Un anhelo de esta bellísima pareja que ahora cobra tintes de realidad con inminencia de pañales y toma de biberones. Carmen y Miguel son dos excelentes profesionales que se ganan el pan con el sudor de su frente. Ella labora en la Notaría Soledad Pardo. Él, en Vorwerk España. Comparten además aficiones tales el fútbol o practicar deporte (trail running). Miguel, complementariamente, destaca como diseñador web e incluso hace sus pinitos como técnico de sonido. Son cofrades de pro y de prez. Enhorabuena a quienes pronto se estrenarán como flamantes padres y, cómo no, igualmente a los abuelos María del Carmen Aranda Sánchez, Manuel Sánchez Rosado, Carmen Sánchez Guerra y, ya en el cielo, Juan Holgado Jarana. ¡Bien por todos vosotros!
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