Jerez íntimo

Marco Antonio Velo

marcoantoniovelo@gmail.com

Aquellos profesores de la jerezana Escuela de Artes y Oficios

Los célebres profesores de la Escuela de Artes y Oficios en una foto de 1982.

Los célebres profesores de la Escuela de Artes y Oficios en una foto de 1982.

La tela de la imagen -de la instantánea en blanco y negro- que preside este artículo se teje con hilo de sabiduría. Gente de aquí: tal que así la denominaría Antonio Fraguas ‘Forges’. En ninguno de estos curtidos jerezanos del noble ejercicio de la enseñanza cabría el título del libro de Pablo Gómez Sesé: ‘Las aventuras de un profesor novato’. Porque, en pureza, siempre se distinguieron por lo meridianamente contrario: el cobre batido durante años de trayectoria en las aulas. La experiencia en las alforjas de una profesión que supieron labrar -por vocación- minuto a minuto. Formaron un claustro rico en personalidades ingeniosas, afables y dueñas de un pinturero sentido del humor. Eran sus miembros filósofos de la vida. Felices sin decreto. Profesores con mucho arte… ¡y oficio! Con ellos la luz se hizo. Junto a ellos primero fue el verbo. De la mano de todos ellos estabas en Jerez y en Florencia a la misma vez. Al lado de ellos la comicidad adquiría naturaleza de talento a raudales. Sus antiguos alumnos los adoran. Quienes no lo fueron, también. Parecían todos educados entre Alejandría y Atenas en tiempos de Eratóstenes. En el fondo eran poetas de lo artístico, como un Hesíodo del lienzo con pinceles de modernidad.

La foto data de 1982: año en que cientos de jerezanos compraron su primera televisión en color -que se lo cuenten, ya en los mostradores del cielo, al emblemático empleado de Horegar (“lo que conviene visitar”) Manolo Vega- con ocasión del Mundial del Fútbol celebrado en España (si Brasil llega a tener un delantero centro con una pizca más de puntería se hubiese llevado el campeonato de calle). Año de victoria socialista con pantalón de pana y camisa a cuadros de tablero de ajedrez (amabilidad ideológica entonces al renunciar Felipe González a los postulados marxistas). Año en el que los Rolling Stones -nunca a regañadientes- visitaron nuestro país para brindarnos un memorable concierto bajo la lluvia. Podría haberse titulado aquel hito como la celebérrima película musical de Gene Kelly. Año de movida madrileña a la jerezana en el bar ‘La Moderna’. Año de libertades que asomaban su pasión a puerta gayola como la expectación latente de un toril recién abierto. Y año, sobre todo, de cenit educativo de la Escuela de Artes y Oficios en una ciudad jerezana paseada de norte a sur por el simpático montañés Uberto Piñán Rodríguez.

La Escuela de Artes y Oficios -que se ha reinventado por enésima vez y avanza en constante transformación- es un emblema innegociable de Jerez. Nadie ose restarle ni un amén a este centro educativo que -aparte ostentar la Medalla de Oro de la ciudad- tantísimo futuro -¡y descubrimiento/perfeccionamiento de la personal valía artística!- ha otorgado a innúmeras generaciones de jerezanos dotados para una profesión que ulteriormente desarrollarían con brillantez, con ahínco, con sello identitario, siempre “lejos de todo ruido y granjería” (León Felipe dixit): diseñadores gráficos, ebanistas, escaparatistas, maquetistas, modistas, delineantes, escultores, pintores, dibujantes, ilustradores, cartelistas, decoradores de interiores, diseñadores publicitarios…

La Escuela de Artes y Oficios como generadora de artistas potenciales, de creadores al alza, de creativos en boga. El latido cotidiano de la progresía cultural de Jerez jamás hubiese sido el mismo sin el concurso ciudadano del elenco de profesores de los años 80 y 90 de la Escuela de Artes y Oficios. En nuestra foto de 1982 los nombres propios del profesorado brotan por doquier. Muchos Gloria hayan: pasaron a mejor vida para decorar las paredes de las estancias celestes con pinturas de ángeles custodios. Ahí identificamos, entre otros, a José Ristori Ruiz, José Ramón Fernández Lira, Juan Herrador Granero, Juan Luis Roza González, Manuel Prieto Fernández, Juan Padilla Pardo, Antonio Benítez Parra, Sebastián Santos Calero, Juan Gómez Verdugo, Fernando Reina García, Antonia Chica Pacheco, Francisco Pinto Berraquero, Bernardo Collado López... Asistieron con sus parejas a una visita a la Atalaya -Museo de los Relojes-. Predomina la sonrisa, la complicidad, la amistad. Virtudes de hombres sabios, como los siete de Grecia pero -¡compañeros del alma, compañeros!- con dictados de jerezanía de pura cepa.

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