La verdad

04 de enero 2026 - 03:08

En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario. Lo dejó escrito Orwell como hizo con su mítica novela ‘1984’, una suerte de profecía indeseada que se hunde hasta los tuétanos de nuestra decrépita sociedad moderna. Por eso las palabras de Manu Sánchez en su reciente pregón de la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla sonaron con eco de revolución: “Nada es más verdad que Melchor, Gaspar y Baltasar; ahora que todo es mentira, ahora que todo es dudar, ahora que ya todo es IA, ahora que ya nada es cierto, ahora que nadie confía en sabios ni sabiduría, ahora que sin batería no importa el conocimiento…”. Amén, querido.

La verdad es eterna, no caduca, pero tiene sus cositas. Conviene no mezclarla ni confundirla con género defectuoso -ojo con la posverdad y el relato, que están muy bien conseguidos-, precisa de una defensa feroz contra mercachifles y correveidiles, y, lo más importante, no debe ser manoseada ni antes ni después de la medianoche; se ensucia y se echa a perder con suma facilidad. La mugre le quita brillo a la verdad en cualquier supuesto, y en el caso de los Reyes Magos brota manchándolo todo en esos centros comerciales donde disfrazan ya a principios o mediados de diciembre a un tipo con postizos de saldo y ropajes que parecen sacados del casting de Torrente más que de Oriente; brota también en ese desfile de gente que va de compras con el niño agarrado de una mano mientras empuja con la otra un carro que rebosa de juguetes; y en esas cabalgatas que asociaciones, empresas o, incluso, hermandades y cofradías organizan antes del cinco de enero (?). Ver para descreer. Está en juego la ilusión, el patrimonio más valioso que adorna la infancia, pero es obvio que a parte del personal se la repanpinfla. Desde luego, para algunos es más fácil creer en los reyes catódicos que vomita el fulgor de nuestras pantallas que en una tradición que debiera ser intocable como la de los Reyes Magos.

Ellos nos dejaron una misión y tenemos la obligación de sostenerla en el tiempo. Por nuestras niñas y niños, por nuestros padres, por los abuelos, por las tardes y las noches del cinco de enero, por las mañanas del días seis, porque ninguna verdad lo es tanto como Melchor, Gaspar y Baltasar. Por todo eso y más nos echaremos mañana a las calles, nos espera una batalla de sonrisas, abrazos y emoción desatada. Ya vienen los Reyes Magos…Bienvenidos a la revolución de la verdad.

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