Postrimerías
Ignacio F. Garmendia
Silencio
Teníamos Mamá, yo quiero ser artista de Concha Velasco. Teníamos el “di papá, ¿yo podré ver a Dios?” de la hija de José Guardiola, a la que su papá le respondía que lo vería “cuando adores a mamá y obedezcas a papá”. Teníamos a Marito llorándole a Jorge Cafrune la muerte de su canario, que enterró en “la cajita de madera, la misma que contuviera lapicitos de color”. Teníamos a Gipsy Rose Lee cantando Let me Entertain You cuando manda a su posesiva madre al cuerno para convertirse en vedette de striptease, en el musical que Antonio Banderas ha repuesto. Teníamos a Nancy Sinatra cantando con su papá Something Stupid. Teníamos a Judy Garland cantándole a Clark Gable “mi corazón late como un martillo cada vez que te veo en una película”. Teníamos a Claude François cantando con la pequeña Fréderique Llora el teléfono, que antes habían cantado George, Tammy & Tina y después cantarían Domenico Modugno y Francesca Guadagno, en la que un padre desolado habla con su hija en una llamada de larga distancia afectiva. Teníamos a Joselito cantándole a su abuela “Abuelita, el tiempo ha cubierto de nieve tu pelo. Abuelita, de todas mis penas, refugio y consuelo”. Teníamos a Cat Stevens y Bob Dylan cantando a sus hijos Father and son y Forever Young. Teníamos a Alejandro Sanz cantándole en Capitán Tapón a su hijo: “Recientemente en mi casa vive un tipo que me manda, que me corrige y me ordena, y me torea, pero me da un abrazo y me gana”.
Teníamos un montón de canciones dedicadas por niños a sus papás o sus ídolos y por papás a sus niños. Ahora tenemos la de Rebeca Torró: Mamá, yo quiero ser como Felipe. Una canción triste de ilusión y desengaño, de ídolo caído y referente pocho, con una letra que supera en emoción a las del canario muerto de Marito o la nenita preguntándole a su papá por Dios (esto último muy apropiado en este caso): “Cuando yo tenía 10-11 años, me acuerdo como si fuera ahora, un día delante de la televisión, comiéndome un bocata de nocilla, le dije a mi madre ‘Mamá, de mayor quiero ser como Felipe González’, porque era un referente para niñas de 10 años. Para aquella niña ahora Felipe González ya no sería un referente. Creo que con eso lo he dicho todo”. Conmovedor. ¿No se le saltan las lágrimas? ¡Que alguien le ponga música!
También te puede interesar
Postrimerías
Ignacio F. Garmendia
Silencio
Crónica personal
Pilar Cernuda
No salen las cuentas
La ciudad y los días
Carlos Colón
Mamá, yo quiero ser Felipe
Su propio afán
Enrique García-Máiquez
Directo y presionador