La modernidad del asociacionismo cultural

La cultura siempre es progreso.
La cultura siempre es progreso. / Miguel Ángel González

11 de marzo 2026 - 06:00

Las instituciones, la gestión, las alianzas, los acuerdos transversales, el progreso. No desdeño la aseveración que considera el asociacionismo cultural como una modernidad de gente bien. El arriba firmante más bien trocaría un matiz para, al cabo, redondear este significado como una modernidad de gente emprendedora. Cultura y emprendimiento son vasos comunicantes. A decir verdad este modelo de gestión produce resultados que la mayor de las veces sí favorece con creces a sus agentes empresariales implicados. La sociedad -su patrón organizativo, su organigrama de producción- avanza hacia sistemas de cohesión, de coparticipación institucional. La alianza es un desafío emergente según los requerimientos de nuestros tiempos virales. Y esto por tendencia natural de la revitalización del tejido también empresarial del siglo XXI. En la industria cultural conviven el ocio, la educación comunitaria y la fuerza motriz de la transformación evolutiva de las conciencias que acepten de lleno la tolerancia de la interculturalidad y la multiculturalidad y asimismo la originalidad (innovadora) de nuevos parámetros de creación en libertad. El diálogo abierto entre los agentes actuantes de la industria cultural ha de liderar un nuevo marco comunicacional cuyo método garantice la interconexión e interactuación entre empresarios, ciudadanos, instituciones públicas, gestores y creativos.

Habría que dirimir sobre la praxis del asociacionismo cultural. Las implicaciones que actualmente mueven a diario la burocracia del concepto en dimensiones -y en disensiones- sobre la tesis de experiencias que incluso requiera la entrada en escena de un paradigma escoltado bajo el paraguas del ocio autotélico. El asociacionismo en España ha protagonizado una avanzadilla y una ágil superación del entramado normativo de antaño, cuyo corpus jurídico más estancaba que accionaba el acceso a la bien denominada cooperación. El proceso siempre deriva hacia la rentabilidad final. Pero las fases intermedias, en paralelo, reportan su dosis de potencialidad empresarial. Amén el plus de la participación ciudadana en el tercer sector y en el tejido asociativo.

¿Por qué entendemos que resulta propicio el asociacionismo cultural para la provincia de Cádiz, en general, y Jerez en particular? La sociedad del siglo XXI es por naturaleza sinérgica. Baste subrayar cómo las legislaciones vigentes alzan la valoración del asociacionismo en todas sus posibles clasificaciones. Personalmente abogo por un asociacionismo de modelo mixto en atención a varias fundamentaciones. Veámoslas… Primero: Porque el modelo mixto crea riqueza. Una Fundación o un grupo de empresas X operan a favor de una empresa cultural XX -válganos el ejemplo- la contratación de la gestión y planificación de la programación cultural, verbigracia, que forma parte troncal de un proyecto de dinamización social -a modo de servicio público dirigido a todas las edades y estratos sociales-. La Fundación o grupo de empresas X se ahorran seguros sociales y divergencia de un equipo de gestión de políticas culturales. La Fundación o grupo de empresas X y la empresa cultural XX ya han suscrito en el acuerdo asociativo las cláusulas y las condiciones del proyecto. Unicidad de criterios y unidad de estrategias.

Segundo: Porque crea calidad y excelencia empresarial. La Fundación o empresa o grupos de empresas que externalizan este servicio porque en puridad contratan profesionales especialistas en la materia requerida. Y la empresa de gestión cultural porque no necesita dispersar su especialización en otros menesteres laborales de lance por la mera supervivencia económica. Tercero: Porque crea oportunidades. Tantas como proyectos específicos sean ideados por dos o más instituciones y/o empresas culturales. Cuarto: Porque se restituye la incapacidad financiera. Quinto: Porque se garantiza los puntos de crecimiento y sostenibilidad. Sexto: Porque refuerza los resultados exitosos que a su vez contribuyen a mejorar la posición en el mercado. Séptimo: Porque intensifica la credibilidad mediática ante la unión de fuerzas. Octavo: Porque suscita mayores posibilidades de apoyos públicos y recursos de distinto cariz. Noveno: Porque enciende el efecto multiplicador de la incubación y regeneración de ideas capitales en su originalidad. Y décimo: Porque aúpa el valor de lo intercultural desde la apuesta por la transversal alianza empresarial. La metodología de las reuniones networking revela a las claras las fortalezas -no las debilidades- y las oportunidades -no las amenazas- del asociacionismo cultural. Un suma y sigue siempre arropado por el signo, insisto, de la modernidad. ¿Nos ponemos, de una vez, manos a la obra? ¿Uno para todos y todos para uno?

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