Alto y claro
José Antonio Carrizosa
La izquierda de la izquierda: qué lío
Así, con estos modos, con esta falta de conocimiento de la historia, falta de criterio y de profesionalidad, con este sectarismo, no se gobierna ni se hace oposición. No se trata de un problema generacional, sino de tomarse en serio una tarea tan relevante como es el ejercicio de la política. Sobre todo cuando se gobierna.
Las elecciones autonómicas ya celebradas, y probablemente las que se celebrarán los próximos meses en Castilla y León y Andalucía, demuestran que el PP es actualmente el partido con más votos, Vox crece desaforadamente con su estrategia de no asumir responsabilidades de gobierno y el PSOE sufre un deterioro imparable por la suma de desaciertos, la corrupción y políticas que provocan bochorno.
Para quitarnos de en medio la vergüenza del sanchismo, solo hay una fórmula que permita conseguir un Gobierno estable: acuerdo entre el PP y Vox. De momento, en Extremadura y en Aragón. En Aragón se está actuando con más inteligencia, pero lo que ocurre en Extremadura demuestra que hay políticos con mucho que aprender.
Lo primero, que antes de sentarse a negociar, no se puede presumir de las exigencias. Guardiola se está equivocando tanto que va directamente al desastre. Pero también falla estrepitosamente Vox. No su candidato, que ni pincha ni corta, en Vox se hace lo que ordena Bambú, sede de la dirección del partido. Pero al igual que Guardiola en Extremadura, Bambú se dedica a difundir qué consejerías pretende, y con qué amenaza si no se las dan. Alta política, ejemplar política. Patriótica política. Como Vox no encuentre voces sensatas con las que serenar su extremismo desaforado, y como Guardiola no se ponga en serio a la tarea de conformar un gobierno, PP y Vox demostrarán con sus errores regionales que no están preparados para salvar a los españoles del sanchismo.
Un sanchismo que ha organizado un homenaje a la Constitución al convertirse en la más duradera de España. Se produjeron escenas difíciles: los sanchistas, con el presidente a la cabeza, trataron a Felipe González como a un apestado. Gestos que honran más a Felipe González, que fue por su respeto a la Constitución, aunque sabía que los dirigentes actuales de su partido marcarían distancias. Le detestan porque él sí forma parte de la historia de España, lo que no ocurre ni ocurrirá con los sanchistas.
Entristece que el Rey siempre en su sitio incluso en circunstancias muy difíciles, no dedicara unas palabras al Emérito. Que ha cometido errores, sin duda. Pero fue quien se empeñó en que en las primeras elecciones democráticas participaran todos.
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