Tribuna cofrade

Julio Martín

Otro miércoles sin Prendimiento

De nuevo se me pide desde el Diario de Jerez que escriba algo para otro Miércoles Santo. No sé muy bien qué pensar: o gustaron los que escribí en años anteriores o hay mucho relleno y mi nombre queda bien.

Agradezco, en cualquier caso, la gentileza. Ya dije el pasado año que soy cofrade de los que gustan pasar desapercibido. Como don Federico Mantaras, que leí en este mismo medio sus declaraciones en las que afirmaba que no le gustan los focos ni la primera línea de fuego.

Pero, ¿quién no se atreve a escribir cuatro cosas sobre el Miércoles Santo? ¿Quién desecharía esta nueva oportunidad? Y es que se trata de una de las jornadas de la Semana Santa más fuertes. Cofradías de tronío que diría el pregonero. Si la tarde del Miércoles Santo huele a barrio y a avenida es porque sale el Soberano. La hermandad que regó de ilusión aquel año de su llegada al centro la carrera oficial. Una hermandad que pareció que quedaría desubicada cuando salió de los designios de don Manuel Lozano en los Dolores y que ha sabido encontrar su sitio en el barrio de la Granja. Una cofradía de barrio puro que jamás restó sino que aportó a la jornada del Miércoles, que es precisamente una de las pocas cosas ya le faltaban cuando pidió su lugar de paso.

Más tarde llega el Consuelo que se hace presente con su Nazareno bien plantado y su Virgen, la cual, hasta tiene casa propia en el barrio del Pelirón. Es quizá la única imagen que tiene domicilio registrado en su propio barrio: ‘La casa de la Virgen’. Allí creo recordar que sonaba ‘Soleá dame la mano’ ya de vuelta. Ahora, sus hermanos, qué lejos se la han llevado de su domicilio donde posiblemente esté hasta empadronada. Volverán al barrio. Ojalá que más pronto antes de que sea demasiado tarde.

El Miércoles Santo está también rubricado con una hermandad que a mí personalmente me encanta: Santa Marta. Traslado al sepulcro con un conjunto escultórico de gran valor y que talló Antonio Eslava Rubio, creo recordar. A mí me entusiasma no perdérmelo por la calle Justicia cuando la tarde está todavía envalentonada y fuerte en este día grande. Y es que, cada año, soy más cofrade de tardes y menos de las noches. Me siento más cofrade y más yo en esas puestas de sol donde se recortan los cascos de los romanos en las tardes jerezanas.

Tras Santa Marta, por Justicia, siempre pasa la hermandad de las Tres Caídas. Con sus túnicas negras de sarga. Tres pasos que siempre saben a tuétanos de Jerez. A mí me impresiona esta cofradía que la veo como una de las más jerezanas. Y no me pregunten la razón porque creo que fue Antonio Burgos el que dijo que “la Semana Santa soñada ya no existe más que en nuestro recuerdo”. Es decir que no le busquen explicación. Y como los recuerdos también son sueños, pues los sueños propios son. Y a mí ver el palio de los Dolores es como imbuirme en la historia y en la médula de Jerez.

A la noche siempre me gustó ver a la Amargura. Y a mí la Amargura me ha gustado más verla por Corredera que por Angustias. Lo de la plaza de las Angustias es como una apuesta segura. Y siempre, si se quiere ganar dinero de verdad, hay que apostar por caballo que no aparezca entre los favoritos. La elegancia presente entre los chatos capirotes de sus hermanos en azul Medina y terciopelo. Qué pasada ver a ese barco donde Jesús es flagelado. Y qué impresionante es enamorarte de ese nácar del rostro de la Amargura siempre bella.

Y un Miércoles Santo de Prendimiento. El Rey de los Reyes que sale desde Santiago con esa mansedumbre tan propia. El Prendimiento es el Miércoles Santo. Con sus manos atadas a la espalda y con sus feos sayones. Candilejas y Chupaceite. Vaya dos. Si no hay Prendimiento, no puede ser Miércoles Santo. Dicen que los sevillanos les gusta venir a Jerez este día porque es más ‘cortito’ en Sevilla y jornada grande en Jerez. El tirón del Prendimiento que lanza el lazo y seduce a quienes son propietarios de la Madre y Maestra. Por eso el Prendimiento es otra historia que tan solo con su presencia rellena un Miércoles Santo entero.

Por eso este artículo lo llamo otro Miércoles Santo sin Prendimiento. No sé cuánto más va a poder durar esta agonía en la ciudad. Porque un día como el de hoy sin Prendimiento es como un campo sin flores. Una promesa incumplida y un camino certero para el desaliento.

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