Quousque tandem

Luis Chacón

El peligroso hastío

12 de enero 2026 - 03:06

La evidente polarización social que sufrimos, en la que el raciocinio ha quedado arrumbado en un rincón esperando tiempos mejores, está convirtiendo todo lo relacionado con la política en algo absolutamente aborrecible. El enfrentamiento continuo, el insulto permanente, la exclusión de quien piensa distinto y, sobre todo, el fanatismo cada vez más presente en lo que debiendo ser sano debate se ha convertido en una dialéctica y persistente riña tumultuaria, han conseguido que cada vez sean más los ciudadanos que se abstraen voluntariamente y por una mera búsqueda de tranquilidad personal de la actualidad política. Más cuando cualquier cuestión se tiñe de tintes ideológicos buscando el enfrentamiento. Así que cada vez es mayor el grupo de quienes huyen de este tremendo e insoportable guirigay.

El problema del aislamiento voluntario es que ni nos protege de la realidad, ni nos exime de sus consecuencias. Comprendo la actitud y casi la anhelo, pero me recuerda al protagonista de Mendel, el de los libros de Stefan Zweig. Jakob Mendel es un librero de viejo que pasa el día en el café Gluck recibiendo pedidos y satisfaciendo las necesidades de intelectuales, estudiantes y coleccionistas. “Un saurio antediluviano de los libros”, como le define uno de los personajes, capaz de encontrar cualquier ejemplar no sólo en la propia Viena sino en todo el Imperio, así como en colegas de Londres, París o Berlín. Mendel no tiene más mundo que el de sus libros, es lo único que le despierta interés; por lo que iniciada la I Guerra Mundial sigue enviando, rutinariamente, cartas a editores y libreros de países convertidos en enemigos. Sus reclamaciones de libros no entregados se interpretan como crípticos mensajes de un espía y lo que agrava definitivamente su situación es que se trata de un ruso que lleva treinta años en Viena y carece de documentación en regla. Él, que sólo se dedicaba a sus libros, termina detenido e internado en un campo de concentración.

En este ambiente crispado donde todo se convierte en política, acabamos concluyendo que si todo es política en el sentido del enfrentamiento ideológico, nada lo es. Y justo ahí es donde se ceba el populismo. La mayoría, hastiada de tanta escandalera, deja de opinar en público y casi en privado y acaba pareciendo que la opinión mayoritaria es lo que gritan las minorías intolerantes y enfrentadas. Nada nuevo. Tan antiguo como preocupante y peligroso.

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