Alberto Núñez Seoane

La primaria en “H&M”, el doctorado en “E.G.B”

PARA comenzar, y antes de continuar, quiero dejar claro mi respeto por todas las profesiones, sean lo sencillas o humildes que sean; en mayor medida, mi absoluta consideración hacia las personas que las desempeñan y los muchos, y buenos, profesionales que ocupan su tiempo en todas ellas. Dependientes, camareros, obreros… y los que han conseguido terminar la “E.G.B.” –Enseñanza General Básica, no es una profesión, pero sí una “condición” dentro del nivel de formación de cada cual- se encuentran, por supuesto, entre ellas. Queda, pues, fuera de toda duda que en este artículo no se vierte ninguna opinión que suponga minusvalorar, discriminar, ni mucho menos despreciar a todos los que se ganan la vida en ninguna de ellas.

Dicho esto, digo, que para asumir responsabilidades es necesario contar con la formación adecuada para hacerlo; lo contrario, además de una temeridad, supone un riesgo para los que dependan de las decisiones de los osados usurpadores; riesgo, tan alto, como importante sea la responsabilidad que el puesto o el cargo del que se trate implique; riesgo y, además, un atropello a la sensatez, un atentado contra el sentido común y el buen fin de los objetivos encomendados a los que deberían poder conseguirlos.

A un médico se le exigen seis años de carrera, uno más para el “MIR” y cinco de residencia, antes de poder ejercer; a un arquitecto, cinco años de carrera, como a un ingeniero, a un biólogo o a un farmacéutico. A un político en España, único país civilizado en el que no se les pide ni el bachillerato, no se le exige absolutamente nada; tal vez, que no sea analfabeto, es decir: que sepa leer y medio escribir… nada más. Da igual que se trate del concejal de, por ejemplo, Majuelos de Callejo –extraordinario “vinazo” el de este pueblo de “La Ribera”-, del consejero de cualquier Comunidad Autónoma, de un ministro, o del mismísimo presidente del Gobierno: cualquier pelanabos de tres al cuarto, cualquier iletrado, inculto, o patán “bien colocado”, cualquier abrazafarolas “fantasma”, “pelota” y “trepador”, puede sentarse en la más alta de las poltronas, con la más alta de las responsabilidades, ¿cómo lo ven?

Así, en este momento y circunstancia, nos encontramos todos –los cuarenta y seis millones de españoles-, sujetos a lo que suceda en las “negociaciones” entre dos pedazo de políticos: Adriana Lastra y Gabriel Rufián. Nuestro futuro inmediato como ciudadanos: las leyes que tengamos que cumplir, los impuestos que debamos pagar, los derechos que nos asistan, las normas que haya que observar, las prestaciones que nos correspondan, las Sanidad, la Justicia, la Educación, las pensiones…. ¡todo!, pasa, para empezar, en las burdas e incapaces manazas de estos dos “personajes”.

Lastra, no es que haya falseado su currículo, cómo han otros hecho muchos, es que no lo tiene: está vacío. A lo más que, académicamente, ha llegado esta lumbrera es a terminar “EGB”, que no es poco, ¡ojo!, pero claro, para la Vicesecretaria General del PSOE, un partido de gobierno… se me hace cómo que… ¡en fin…! Por lo demás, no ha trabajado en su vida fuera de la política, o sea: no ha trabajado en su vida.El otro “prenda”, es el payaso borde, cutre y estreñido de nuestro peculiar Congreso de los Diputados: Rufián. Lo de éste merluzo es de traca: la formación, experiencia y conocimientos que han llevado a este escatológico chocarrero a dónde está, portavoz de “Escuadra Republicana de Cataluña”, es la de haber sido dependiente en “El Corte Inglés” –su bachillerato- y en “H&M” –la licenciatura…-. Así que, sí, pueden ustedes estar tranquilos…

En esta casa de trato –en castellano: casa de putas– en la que se ha convertido España, todo vale; todo, menos los que deberían valer, demostrando su capacidad antes de ocupar cargo alguno como regidores. Pero… esto es un burdel, barato y muy sucio, de carretera; aquí, los que se suelen llevar el gato al agua, y la pasta a la bolsa, son los más “chulos”, los de menos vergüenza, los más cínicos, los que menos valores tienen, los más embusteros, fanfarrones, histriónicos y descarados. Luego, están los “secretarios” y “vicesecretarios”, “directores” y “subdirectores”, “delegados” y “subdelegados”, “representantes”, “representante segundo, tercero y cuarto”, “asesores”, “asesor de asesores” y el imprescindible “sustituto del asesor, por si el asesor de asesores se va a la feria”; cada uno de estos escalafones los tenemos en el Gobierno Central, en el Autonómico, en las Diputaciones y en los Ayuntamientos ¿Cómo, alma de cántaro, se va a exigir un currículo en condiciones con tantísima necesidad para cubrir puestos imprescindibles para la buena marcha de España? ¡Gracias a que tenemos suficientes candidatos, leales y abnegados, instruidos en la “E.G.B.”, “H&M”, “Piensos Puri” o “Caramelos Paco”, dispuestos a sacrificarse por el bien común, el progreso y el futuro de todos!, se iban a enterar ustedes si no…

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