El suflé de la emocionalidad
Enterrados los muertos y guardados los días oficiales de luto, llega el tiempo de la crítica política: teníamos un servicio de ferrocarril de alta velocidad que era puntual y seguro, y ahora no es el reloj suizo de hace una década y venimos de dar sepultura a las primeras víctimas de lo que fue el orgullo de un país. Los dos elementos no tienen por qué estar conectados –los retrasos y el accidente de Adamuz–, pero ambos afectan al mismo Ministerio, dirigido ahora por Óscar Puente y, antes, por José Luis Ábalos. Es posible que la caída de la inversión en el servicio de ferrocarril no comenzase con los gobiernos de Pedro Sánchez, sino con los de Mariano Rajoy, porque él fue quien asumió la gobernación de España en plena recesión, pero el presidente popular hace tiempo que dejó Moncloa por voluntad, primero, de una mayoría de la Cámara; después, por los resultados de unas elecciones generales.
Óscar Puente no es maquinista ni soldador ni guardagujas, pero conduce un Ministerio cuya gestión de los ferrocarriles lleva muchos meses en duda, y nos ha tocado una de las semanas más negras de la historia reciente de este país –la peor desde la dana–, así que ahora le toca aguantar las críticas de la prensa, la oposición de los partidos, el malestar de las familias y los paros que anuncian los maquinistas, a quienes con una preocupante falta de empatía les ha dicho que esperará a que se les pase el suflé emocional.
Puente ha sido un ministro inmisericorde con quienes se han enfrentado a otras tragedias, no sólo la de Valencia, nadie con un mínimo halo de sensatez puede defender la estupidez insana de Carlos Mazón, nos referimos a sus comentarios abruptos, faltones, gratuitos y desagradables sobre todo aquello extramuros de su Ministerio. Qué fácil.
Óscar Puente ha venido dando explicaciones muy prolijas desde el domingo por la noche, ha concedido entrevistas a medios amigos y enemigos y se ha enfrentado a dos ruedas de prensa maratonianas, no ha escondido ningún dato, pero su locuacidad se revela como un instrumento de defensa política, un blitzkrieg informativo, una hipersaturación comunicativa para salvarse de lo que es obvio. Su primer dosier informativo sobre el accidente, con membrete del Ministerio de Transportes, llevaba el revelador subtítulo de Datos, no relatos, que en sí ya es un relato.
Es Óscar Puente quien debe bajar su suflé emocional, porque le quedan días muy complicados, sus ataques defensivos y engorilados hace mucho tiempo que no tienen un pase, no querrá ahora el ministro que le aplaudamos, que le hagamos la ola por su impostada transparencia.
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