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Felipe Morenés y de Giles

Y van tres

04 de enero 2026 - 05:33

Trofeo Caballo de Oro fue en creado en el año 1967 por el entonces alcalde de Jerez, Excmo. Sr. Don Miguel Primo de Rivera Urquijo, duque de Primo Rivera, cuyas cenizas están depositadas en la Basílica de la Merced de Jerez justo al lado de las su abuelo, el Excmo. Sr. General Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, marqués de Estella, Pacificador de la Guerra de Marruecos y presidente del Directorio Militar que hizo posible aquella hazaña.

Estamos compitiendo por la Capitalidad Europea de la Cultura y es la historia, a mi modo de ver, la piedra angular de la misma. Apostaría que la gran mayoría de los jerezanos desconocen estos hechos y qué decir del resto del pueblo español.

Don Miguel Primo de Rivera y Urquijo modificó la denominada Feria de Primavera de Jerez por ‘La Feria del Caballo’, instituyendo dos grandes premios: uno para un personaje ecuestre (o institución) y otro para los caballos. El primero lo llamó Caballo de Oro, que debe otorgarse atendiendo a dos criterios; el primero es su amor, dedicación y logros obtenidos por y para la pasión ecuestre, y el segundo que su trayectoria haya repercutido positivamente para grandeza y desarrollo de Jerez en todas sus dimensiones. El segundo, el Trofeo Campeón de Campeones es el reconocimiento de excelencia al mejor équido participante en el Concurso Morfológico de la Feria del Caballo de Jerez.

De esto hace ya la friolera de cincuenta y nueve años. Son en consecuencia cincuenta y ocho las personas o instituciones que han recibido este reconocimiento, este premio jerezano para el mundo ecuestre.

Días de vino y rosas; días de júbilo en la pista del que fue Segundo Depósito de Sementales. De pasear y compartir por el Real de la Feria. De disfrutar de la bonanza de la primavera jerezana que estalla en mayo con su colorido, su alegría y jovialidad animados con las esencias de sus buenos vinos.

Pero la parca acecha irremisiblemente. Exige su magra cosecha. La vida es fugaz, breve y hay que beberla, aprovecharla minuto a minuto, segundo a segundo. Nacer crecer y morir es la razón de la existencia, las reglas del juego; por ello hay que aprovechar y jugar las cartas que la vida te ha dado.

Y digo todo esto porque recientemente hemos despedido a tres Caballos de Oro casi de repente, en cascada. Tres personas que cumpliendo los reglamentos de este trofeo poseían los méritos con creces y les fueron reconocidos.

El primero de los tres en partir hacia la casa del padre fue Don Álvaro Domecq Romero (q.s.G.h.) del cual se han publicado docenas de artículos con todos sus merecimientos, los cuales suscribo plenamente y aumento. He tenido la suerte de compartir muchas cosas buenas con él. Con el he aprendido el amor a la Virgen del Rocío. Muchos y buenos caminos incluyendo obviamente a su esposa Maribel. Días maravillosos en la nuestra casa de calle Almonte, 1 en la Aldea del Rocío. Allí Maribel y Álvaro eran insustituibles. Lo mismo que lo fueron sus padres Álvaro y Mari Pepa. Sus suegros Luis y Maribel. Todos Hermanos Mayores de la Hermandad del Rocío de Jerez. Piedras angulares de la Hermandad jerezana. Aprendí a disfrutar de días de carreras de galgos que le entusiasmaban como todo lo que implicara caballo. Días de tentaderos de machos bravos en dehesas. Concursos de acoso. Modestamente contribuí en lo que pude en el nacimiento de la Real Escuela. Lo vi rejonear cuantas veces pude. Bravo como un jabato. Tierno en el cuidado a su anciano padre. Religioso y de buen corazón. Desolado en la despedida de sus sobrinas.

Y de Doña Ana María Bohórquez Escribano guardo muchos y buenos recuerdos rocieros. Nunca faltábamos a la cita de la Pontifical el domingo por la mañana. Rosarios y misas. Unida a Jaime, su esposo, desarrolló la pasión por el enganche formando una valiosa y selecta cuadra y guadarnés en su cortijo de La Peñuela. Participando en ferias, exhibiciones de enganches en Sevilla, Ronda y Jerez. Con su collera de caballos españoles alazanos enganchados con una preciosa y cuidada guarnición al violín procedente de Bélgica. Siempre generosa y solícita con la generosidad que heredó de su padre, el empresario y labrador jerezano Don Fermín Bohórquez Gómez; la bondad y elegancia de su madre, doña Soledad Escribano. El Simpecado actual de la Hermandad de Jerez fue donación de ella y Jaime, su esposo.

Y el tercero y último áureo caballero que se ha ido ha sido Don Sebastián Zambrano a la avanzada edad de noventa y dos años, aunque ha conservado su afición y maestría hasta el final de sus días. También tuve la fortuna de gozar de su amistad y aprender de su sabiduría ecuestre. En el camposanto jerezano una muy fría mañana, a temprana hora, nos cita para acompañarle en su sepelio muchos y viejos aficionados. Al toque de los sentimientos y recuerdos allí estaban jinetes de la Real Escuela, Rafael de la estirpe de los Paula. Luis Domecq y otros que por discreción silencio. Sebastián Zambrano fue un hombre legendario del caballo. Con una capacidad de entender y domar los caballos como no he conocido otro. Con él se ha ido el saber de los viejos aficionados al caballo de Jerez. Con matices de Don Manuel Delgado, El Chispa, Curro Chica (Francisco Chica Navarro) los García Perea, Don Álvaro Domecq Díez, el Pelado (Antonio Moreno) y otros desbravadores menos sonados pero muy buenos aficionados. Cuando Don Álvaro padre trajo a su recreo El Paquete un profesor la escuela de Saumur (Francia) en el picadero a solas con él, Sebastián trepaba por la ventana para aprender. Irrepetible. Polifacético. Con una afición desmedida.

Este ha sido mi homenaje a los tres áureos aficionados arrebatados por la maldita parca en el año 2025. Que Dios y su madre, la Santísima Virgen del Rocío, los tenga a su vera.

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