El descontento de los rectores con Castells

El papel de Castells era ayudar a los rectores a buscar una solución que conjugase seguridad y rigor académico, pero ha escogido la vía populista

EN los últimos días ha quedado en evidencia el enorme descontento de la universidad española con el ministro del ramo, Manuel Castells. Desde el principio, este peculiar político y profesor de la confianza de Ada Colau se ha caracterizado por sus maneras extravagantes y poca afición al trabajo ministerial, lo cual puede ser una virtud en un artista o un sabio, pero no en una persona de la que depende el funcionamiento de la educación superior española. Lo que no terminan de comprender la gran mayoría de los rectores es que Castells haya estado prácticamente desaparecido cuando la universidad estaba viviendo una de sus mayores crisis de la historia reciente debido a la pandemia del coronavirus, que ataca a uno de los fundamentos de esta institución, como es la docencia presencial. En unos momentos de gran incertidumbre y desorientación, Castells, amparándose en la autonomía universitaria, ha dejado huérfanas a las universidades. El sentimiento de soledad que han padecido muchos rectores ha sido notorio. Peor aún ha sido cuando, tarde y mal, el ministro ha decidido entrar en la polémica sobre si los exámenes debían ser presenciales (postura mantenida por la mayoría de los rectores) u on line (que es la opción de los estudiantes). Sin apenas consultar con los gobiernos universitarios y despreciando cualquier cortesía institucional, Castells usó las redes sociales para apoyar a los estudiantes en un claro ejemplo de populismo universitario. El enfado entre los rectores es considerable. Más allá de quién lleve la razón, lo cierto es que Castells no sólo ha despreciado a los rectores, sino que ha demostrado, una vez más, que su Ministerio le viene demasiado grande. Es cierto que en la actual situación epidémica lo más recomendable es evitar desplazamientos y encuentros entre estudiantes y profesores, pero también que ya hay muchas pruebas que evidencian los muchos fraudes que se están cometiendo en las pruebas on line. El papel de Castells era ayudar a los rectores a buscar una solución que conjugase seguridad y rigor académico, pero ha escogido el de simple populista dispuesto a agradar al estudiantado, una vieja figura universitaria, por otra parte.

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