EDITORIAL
Cambio de rumbo en Ayesa
La reciente publicación de los padrones municipales por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) viene a confirmar cómo se va distribuyendo la población en España y en Andalucía. Todas las provincias andaluzas situadas en el litoral han incrementado su número de habitantes en el último año, además de la de Sevilla, mientras que Jaén y Córdoba son las únicas que pierden de modo global. El resultante es positivo para la comunidad. Además de esto, hay un flujo de población desde las capitales a los municipios de alrededor. Es lo que le ocurre a Sevilla y, de un modo más dramático, a la ciudad de Cádiz, que pierde vecinos desde hace décadas por su condicionamiento geográfico. Los grandes crecimientos de Dos Hermanas o de Chiclana se deben, sobre todo, a movimientos dentro de las propias provincias. Málaga ciudad sí ha ganado en su padrón, a la vez que todos los municipios de la Costa del Sol. La perspectiva del país indica que hay un arco mediterráneo muy pujante; dos valles importantes, los del Guadalquivir y el Ebro, y un centro poderoso, pero reducido a Madrid y su área metropolitana. La capital del país ha perdido población, pero obedece al mismo fenómeno que se aprecia en las grandes ciudades andaluzas: son los municipios cercanos los que ganan vecinos, porque la oferta de viviendas es más alta y los precios son más bajos. A diferencia de lo que ocurre con las provincias litorales andaluzas, el norte atlántico español viene perdiendo población, con casos tan graves como el asturiano, donde ya viven más pensionistas que trabajadores en activo. El crecimiento en el padrón que se observó en los dos años anteriores en muchos municipios pequeños obedeció a la pandemia de Covid y al confinamiento de la población, pero no parece que haya marcado una tendencia que haga variar unos flujos poblacionales que están íntimamente ligados a las razones económicas.
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