Francisco Mesonero Fernández De Córdoba

Talento sénior: reto inaplazable

La tribuna

Si no actuamos con diligencia, la próxima gran crisis no tendrá su origen en un virus o en conflicto bélico, sino que sus raíces serán puramente demográficas

Talento sénior: reto inaplazable
Talento sénior: reto inaplazable / Rosell

04 de julio 2023 - 00:30

Los profesionales mayores de 55 años son una generación que, a menudo, sigue injustamente desplazada del mercado laboral. Ellos, hoy conocidos como talento sénior, fueron los que levantaron la economía en momentos clave de nuestra historia, y hoy son los mismos que ven minimizadas sus oportunidades de empleo, encontrando dificultades mayúsculas para adquirir sus derechos a la jubilación y viendo incrementado su riesgo de pobreza y/o exclusión social. Por no mencionar la merma en la salud mental que desencadenan los periodos prolongados de desempleo, tan habituales entre los profesionales más veteranos.

Ante esta realidad, impulsar el empleo sénior es, en primer lugar, una cuestión de pura justicia social: no es de recibo infravalorar a una fuerza laboral que ha sido motor de nuestro mercado laboral, contribuyendo al crecimiento y enriquecimiento del conjunto de la sociedad. Sin embargo, la inclusión laboral de las personas sénior constituye además todo un imperativo de competitividad, en un contexto de envejecimiento récord. Actualmente, la población activa en Andalucía anota un porcentaje de personas sénior que asciende al 19%, frente al 11% de hace una década. Una cifra que inevitablemente seguirá su progresión ascendente, a tenor de la tendencia demográfica, y que plantea un reto acuciante: erradicar de raíz tics históricos y culturales que siguen frenando la inclusión laboral de “los sénior”, a pesar de representar un pilar para la competitividad de la región, y del país en su conjunto.

Por fortuna, el panorama de la presencia de los sénior en el mercado laboral arroja crecientes luces: son muchas las empresas que, en los últimos años, han puesto en marcha políticas de talento sénior, con el firme propósito de no desaprovechar una fuerza laboral que crece a un ritmo imparable, y que tanto puede aportar a los equipos de trabajo. El talento sénior también cobra un protagonismo cada vez mayor en la agenda de la Administración Pública, que recientemente ha intensificado sus acciones para eliminar el edadismo y facilitar la prolongación de la vida activa, combinando la sostenibilidad económica con el bienestar individual. No obstante, las sombras siguen siendo también múltiples y suponen complejos desafíos para la equiparación de nuestro mercado de trabajo con el del resto de los países europeos (la tasa de empleo sénior en España es 10 puntos porcentuales inferior a la media europea). Además, el desempleo de las personas mayores de 55 años tiende a cronificarse, con un 58% de desempleados de larga duración, frente al 42% general. El origen de este desfase reside, fundamentalmente, en el plano cultural. Los prejuicios y estereotipos sociales tienen un fuerte arraigo y se trasladan a las empresas en forma de reticencias a la hora de apostar por la fuerza laboral sénior: exigencias salariales superiores, menor flexibilidad o merma en la capacidad de aprendizaje, son algunas de estas anacrónicas creencias. Todo ello contribuye a consolidar la cultura de la jubilación anticipada, tan instalada en nuestro país, renunciándose a un conocimiento y expertice que difícilmente pueden ser reemplazados.

Frente a estas ideas preconcebidas, urge apelar a una visión renovada de los profesionales sénior. A menudo, cuentan con décadas de experiencia en sus respectivas áreas, con un conocimiento profundo y una perspectiva única para dar respuesta a los desafíos sociales y empresariales. Sin duda, la revolución tecnológica y los cambios vertiginosos que experimenta el ámbito laboral requieren adaptación, pero el talento sénior tiene la capacidad de combinar su experiencia y habilidades blandas como la madurez, con las nuevas habilidades que hoy demanda el mercado,

Por todo ello, urge dotar de una mayor concreción y pragmatismo a las políticas de talento sénior, hoy en auge, apostando por medidas de reskilling y upskilling en el marco empresarial, así como impulsar la colaboración público-privada y las políticas activas de empleo –el sistema debe garantizar que cualquier persona que entra en desempleo, acceda inmediatamente a un acompañamiento individualizado. Además, se torna imprescindible vincular los subsidios a programas de empleabilidad y fomentar la prolongación de la vida activa, con medidas de retiro progresivo o la compatibilización de la labor profesional con el cobro de la pensión en todas sus modalidades. Es justicia social, es competitividad y es hoy cuando debemos actuar: la apuesta por el talento sénior es inaplazable.

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