Mayor Dolor

Inagotable dolor materno

  • Su salida entre naranjos es una de las estampas más características de la Semana Santa

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CÓMO brillan los naranjos que custodian la puerta de San Dionisio en esta soleada tarde de Jueves Santo y qué pronto se acostumbra un cofrade a las jornadas de sol donde el tiempo acompaña a las cofradías. El Jueves Santo ya está siendo grande cuando la última cofradía en hacer estación de penitencia se prepara a salir hacia el primer templo, que fue su casa durante los años que duraron las reformas en su sede canónica.

Precisamente a la misma hora que la Vera Cruz tiene programado su paso por el Palquillo se abren las puertas de San Dionisio entre aplausos. Esta hermandad pone en la calle una de las canastillas más singulares de la Semana Santa jerezana sobre la que va portado Jesús en la presentación al pueblo junto a Pilatos y un romano que le empuja. El paso, obra de Seco Imbert, es el único misterio realizado en plata de ley cincelada y repujada. Comúnmente conocido como 'la tartita', debido a que tiene varios pisos, Nuestro Padre del Ecce-Homo, conocedor de su cruel destino mira manso, resignado, al pueblo mientras en su rostro se mezclan las lágrimas con el sudor de sangre.

Después de que un centenar de nazarenos han portado las insignias correspondientes al cortejo del misterio, las órdenes de Ildefonso Oñate resuenan entre los naranjos de la entrada del templo de San Dionisio. La agrupación musical de San Juan se encarga, por su parte, de anunciar a bombo y platillo la llegada del Ecce-Homo a las calles de Jerez, que aplaude la maniobra mientras busca los ojos de Jesús. La corporación debe llegar entonces por Tornería, buscando la renovada Carrera Oficial, cuando las primeras hileras del cortejo del palio comienzan a salir desde el céntrico templo.

Y qué palio. De Rodríguez Ojeda, nada menos. Aquel que revolucionara en la primera mitad del siglo XX el mundo cofrade con sus bordados. Arte que no hace más que poner el mejor marco a una de las tallas más espectaculares de la Virgen en la Semana Santa de Jerez. María, en su Mayor Dolor, abre sus brazos y clava sus ojos hacia arriba implorando al cielo, preguntándose en voz alta por qué. Talla anónima del siglo XVII que llegó desde Sevilla para procesionar en Jerez a finales de la década de los años 20. Símbolo del desconsuelo implorante de la Virgen es el clásico puñal que, clavado en su pecherín, representa este Mayor Dolor. El puñal es de hoja de cristal de roca, oro, platino, diamantes y brillantes; materiales obtenidos de una donación a la hermandad jerezana.

La plaza de la Asunción ya está poblada de nazarenos de cola negra cuando la banda municipal de Nuestra Señora del Carmen suena con fuerza en el enclave jerezano mientras el paso de palio se enmarca entre los naranjos de entrada al templo.

En un año de cambios, esta corporación conmemora en la calle los 525 años de la fundación de la hospitalaria de San Bartolomé, origen de la actual hermandad. Aunque no se pudo disfrutar de su tradicional paso por Carpintería Baja al acortar camino por Asunción, el Jueves Santo no sería lo mismo sin el derroche de arte que la cofradía de San Dionisio protagoniza cada jornada cofrade por las calles de Jerez.

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