La Clemencia

San Benito, entre el arte y el luto

  • Los tambores sonaron tras el Cristo destemplados a la entrada en Carrera en recuerdo de Tomás Biedma

EL Martes Santo por San Benito rompe las rutinas y se convierte en un espacio donde lo cofrade manda gracias a la hermandad que nació al amparo de la parroquia y que fue punta de lanza de las nuevas hermandades que se han ido incorporando a la Semana Santa. La Clemencia ya tiene su propia historia, de nombres de hombres y mujeres que la impulsaron y la configuraron hasta ser lo que es hoy. Por eso, ayer fue un día de ánimos encontrados, la felicidad de vivir un Martes Santo más, esta vez con la calma del cielo celeste, pero triste al mismo tiempo. En el recuerdo de todos estaba el cofrade Tomás Biedma, padre del capataz y una persona que fue fundamental en el devenir de la hoy hermandad. En su honor y recuerdo sonaron tambores destemplados tras el paso cuando este entró en la Carrera Oficial a la vez que sonaba la marcha 'Resucitó'.

Pero la vida sigue y la hermandad volvió ayer a ser ejemplar en las calles con un cortejo precioso, que debe ir aumentando, de nazarenos blancos y suspirando, por los adentros, por ver pronto a la Virgen de Salud y Esperanza en su palio incorporada a la salida procesional aunque la gente de San Benito pudo quitarse el 'gusanillo' el pasado año con la salida de la Dolorosa en el Via Lucis.

Es el Martes Santo en el que se dan la mano barrios añejos y nuevos como San Benito y San Mateo; hermandades cuya distancia geográfica e histórica es importante pero unidas por un afán común, el cofrade. Otros signos de avance y consolidación corporativa de la hermandad, en su definición espiritual, fueron la incorporación del título de Sacramental al escudo del estandarte, que ayer estrenó, y la bandera pontificia que recuerda su adhesión a Roma y al beato Juan Pablo II que forma parte del devocionario y nomenclatura de la cofradía.

El empuje costalero también es inherente a la hermandad de nazarenos blancos con una particular tradición en las trabajaderas que llevan a sus cuadrillas a ser de las más expertas en la ciudad, trabajando con el costal; expertas sobre todo en cómo llevar al Señor de la Clemencia: siempre andando de frente con elegancia y sin cambios, sólo acortando el paso cuando la música lo pide. La complicidad con la agrupación de los Gitanos es otro aspecto que no es baladí en el estilo de la cofradía, ya que el compás con la que la formación sevillana ejecuta las composiciones encaja perfectamente con las formas de esta hermandad y así se viene demostrando con una fidelidad, rayana en lo fraterno, que banda y cofradía vienen materializando año tras año, y son muchos, incluso desde cuando eran Agrupación Parroquial. De hecho, la anual gesta de la eterna chicotá de Carrera Oficial volvió a erizar de emociones el cabello.

San Benito fue ayer la de la blanca penitencia que con mesura expone cada Martes Santo en las calles en un testimonio pleno de solvencia y devoción.

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