Corpus 2019 | Jerez

Una procesión muy radiante del Corpus

  • La ciudad vivió intensamente toda una jornada dedicada al Santísimo Sacramento del Altar

Una alfombra en la calle Larga al paso de la custodia. Una alfombra en la calle Larga al paso de la custodia.

Una alfombra en la calle Larga al paso de la custodia. / Miguel Ángel González (Jerez de la Frontera)

Gran jornada del Corpus Christi la vivida a última hora de hoy en Jerez. Una festividad que ha ido ganando enteros en los últimos años. A la festividad nunca le faltó solemnidad y buen porte en su procesión. Sin embargo, faltaba quizá algo más de implicación del pueblo fiel. Y las cofradías, una vez más, han sido el sostén que ha elevado esta festividad a una importante dignidad. Con sus altares, con sus ‘pasitos’ y con su implicación con el montaje de alfombras. Las hermandades saben cuándo quieren estar donde hay que estar. Dejar a un lado las polémicas de las bandas y los martillos e ir a lo fundamental. Estar, como estuvieron ayer, con Jesús Sacramentado, que se entrega al pueblo en un gesto de Amor procesionando y haciéndose presente en las calles.

Por la mañana todo estaba perfectamente preparado para la procesión vespertina, en un privilegio que tiene Jerez y del que disfruta desde hace siglos. Así que los altares estaban relucientes. El de Loreto en la logia del Ayuntamiento, el del Rosario de Bornos –ganador del concurso de altares organizado por la Unión de Hermandades– el de Santa Marta, el del Cristo, la Defensión, Cinco Llagas, Borriquita, Perpetuo Socorro, Perdón, Consuelo, Lanzada. Las alfombras preciosas. El olor a romero en la calle Algarve.

Eran las siete y media de la tarde cuando la procesión se dispuso a salir desde la Catedral. El templo que contempla a la sede episcopal estaba lleno ‘hasta la bandera’, por usar un símil taurino. La Eucaristía Pontifical estuvo presidida por monseñor Mazuelos Pérez. En su homilía hizo una profunda exégesis del Santísimo Sacramento del Altar. Bullía en el ambiente ese fervor que hace que el corazón el cristiano arda, como le ocurrieran a los discípulos de Emaus cuando el Señor partió el pan y lo bendijo.

Procesión

La comitiva, un año más, y no sin cierto calor a pesar de ser las últimas horas del día, se dispuso a subir por la calle de la Rosa para tomar el camino de la Alameda Vieja y buscar el Arenal. El cortejo era largo y se extendía como un ejército de soldados de Cristo por las calles ya lejanas al templo catedralicio. La Custodia iba por la plaza Monti mientras que la cabecera de la procesión ya casi se internaba en Algarve. Prácticamente todas las hermandades iban representadas. El cabildo catedral alrededor del prelado, representación del cabildo municipal con su alcaldesa, Mamen Sánchez, a la cabeza, movimientos parroquiales, la orden tercera camelitana que rezaba el rosario junto con un grupo de cristianos de la ‘nueva evangelización’, sacerdotes y religiosos, todos unidos por un mismo sentir, devotos, cofrades, jóvenes y ancianos. En definitiva un pueblo fiel y culto que ofrecía su oración para agradar a Dios. Una grey que se echó a las calles para contemplar al Señor Sacramentado en su magnífica custodia labrada en plata que iba antecedida por al menos ocho ciriales.

La banda municipal de música puso un año más los bellos acordes de marchas imperecederas como el mismo ‘Corpus Christi’ o ‘Triunfal’, entre un escogido repertorio de marchas. Y así fue desarrollándose la procesión mientras pasaba por los distintos altares montados por los cofrades.

Pocos minutos pasaban de las 21 horas cuando ya entraban las primeras representaciones en la Catedral. A las 21,40 lo hacía la custodia. Siempre es costumbre que muchos guiones se marchen tal y como se entra en la Catedral. Pero esta es una mala tradición que poco a poco va desapareciendo. Aunque se pudieron ver algunas representaciones que ni tan siquiera entraron en la Catedral. Sin embargo, un gran número de fieles y cofrades, aguantaron hasta la bendición final y la posterior reserva del Señor Sacramentado. Porque la celebración eucarística no acaba hasta que no se ofrece la bendición. Y qué mejor final que hacerlo con el ostensorio, donde se muestra al Señor hecho carne a través del viril.

Destacar posteriormente las procesiones de vuelta a sus templos tras la finalización litúrgica de la solemnidad. Los pasos de san Juan Bautista de La Salle de la hermandad de la Borriquita, San José, titular de la hermandad del Perdón, Santa Ángela de la Cruz y Santa María Purísima de la Cruz de la hermandad del Consuelo, y San Martín de Porres del Convento de Santo Domingo, fueron trasladados por sus costaleros y costaleras, pues el Perdón llevó cuadrilla mixta en esta ocasión.

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