La crónica del Viacrucis de las Hermandades: un Lunes de Cuaresma lleno de saetas y flores

Multitudinario traslado de la imagen del Señor de la Plazuela para presidir el acto piadoso que cada año se celebra en el interior de la Catedral

Imágenes del Viacrucis de las Hermandades con el Señor de la Sentencia

El Señor de la Sentencia, recibiendo una 'petalada' en la calle Sol.
El Señor de la Sentencia, recibiendo una 'petalada' en la calle Sol. / Samuel Vega

A las cinco y media de la tarde, el barrio de San Miguel y, más concretamente, la Plazuela, se preparaba para vivir para un día histórico. No era para menos. El Señor de la Sentencia y Humildad iba a presidir por segunda vez el Viacrucis de las Hermandades, el acto piadoso que se celebra cada primer Lunes de Cuaresma de manera ininterrumpida desde 1981—la vez anterior fue en 2001—. A la altura del número 41 de la calle Sol una señora, que se había vestido y maquillado para la ocasión, sonreía mientras aguardaba la llegada de la imagen a la puerta de su vivienda. Al lado de ella, un familiar más joven le acompañaba portando en las manos un ramo de flores. No era necesario preguntar quién iba a ser el destinatario del obsequio floral.

Metros más adelante, en la plazuela de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia el público se agolpaba en torno a la Capilla de la Yedra, que abría sus puertas unos 10 minutos antes de lo previsto para que desde la casa de hermandad empezaran a salir los hermanos que conformaban el largo cortejo que acompañaría al Señor tanto en su traslado de ida a la Catedral como a su regreso. En torno a 300 hermanos acompañaron al Señor portando cirios, uno de los más numerosos que se recuerdan en este acto piadoso que se celebra a principios de cada Cuaresma. Y aún más numeroso era el número de fieles que iban tras la talla.

El traslado de ida a la Catedral comenzaba lento, tanto que, pasada una hora después de la apertura de las puertas de la Capilla de la Yedra la cruz de guía llegaba a la plaza de las Angustias. El Señor estaba aún en su barrio y quería que los allí presentes disfrutaran de esta presencia extraordinaria. Ya, una vez encarada la calle Corredera, el cortejo empezaba a ir más deprisa dado que estaba acordado que entrara en la Catedral a las ocho menos cuarto de la tarde. En ese tiempo, fue singular ver al Señor de la Sentencia por calles poco habituales de su recorrido de cada Madrugada, especialmente en la estrechez de Algarve.

Algunas de las cargadoras que llevaron al Señor de la Sentencia.
Algunas de las cargadoras que llevaron al Señor de la Sentencia. / Samuel Vega

El Señor de la Sentencia iba sobre unas andas cedidas por la Asociación de la Santísima Cruz de la Calle La Fuente de Rociana del Condado, una parihuela en la que se porta la cruz para las Fiestas de las Cruces de mayo de esta localidad onubense y en la que la talla cristífera jerezana no desentonó. Por cierto, una representación de esta entidad formó parte del cortejo llevando al simpecado de esta corporación rocianera. La talla iba, además, sobre una peana de la imagen de María Auxiliadora que se venera en el Oratorio Festivo e iluminada por unos faroles de la Hermandad del Prendimiento de Cádiz. Y la talla iba vestida con una joya textil de la Semana Santa jerezana, una túnica morada bordada en oro que la hermandad encargó hace aproximadamente una década a los reconocidos talleres de Santa Bárbara de Sevilla. Mientras, el acompañamiento musical correspondió a la ida al coro de capilla de San Pedro Nolasco y a la vuelta por el Quinteto Passion.

En estos primeros momentos de ida a la Catedral no faltaron ni ofrendas florales —a la altura del número 63 de la calle Sol fue la primera de varias 'petalás' durante el camino de ida y de vuelta—. Y tampoco faltaron las saetas durante todo el recorrido, especialmente al regreso, como la de una señora que le agradecía efusivamente "haberle librado de las garras de la muerte".

El Señor de la Sentencia, por el interior de la Catedral.
El Señor de la Sentencia, por el interior de la Catedral. / Samuel Vega

A las siete y media de la tarde, la cruz de guía del cortejo se ponía en el dintel de la puerta de Visitación del primer diocesano y, unos veinte minutos más tarde, lo hacía las andas con el Señor de la Sentencia. Ya en el interior de la Catedral, se celebraba el viacrucis que volvía a ser itinerante. Las 14 estaciones volvieron a estar marcadas por las cruces de guía de varias hermandades —Paz de Fátima, Lanzada, Yedra, Clemencia, Salud de San Rafael, Judíos, Soberano Poder, Consuelo, Tres Caídas, Amargura, Prendimiento, Vera-cruz, Redención y Oración en el Huerto—, unos misterios que fueron leídos por parejas. Entre los lectores estaban la delegada diocesana de Hermandades, Elena Gómez, el presidente de la Unión de Hermandades, José Manuel García Cordero, miembros de la permanente del órgano rector de las cofradías, el hermano mayor de la Yedra, César Díaz, así como anteriores hermanos mayores como José Carlos Morales o Ildefonso Roldán, o el pregonero de la Semana Santa de Jerez 2026, Juan Mera, entre otros. Mientras, la representación eclesiástica del cabildo catedralicio estuvo a cargo de Luis Piñero y Miguel Ángel Montero Jordi.

Costaleros del Cristo llevando al Señor de la Madrugada.
Costaleros del Cristo llevando al Señor de la Madrugada. / Samuel Vega

Y en torno las nueve y media de la noche, el Señor de la Sentencia iniciaba el camino de regreso, que iba a ser más multitudinario si cabe que la ida y donde las saetas y las flores no le faltaron, especialmente por la Cruz Vieja y calle Empedrada —hasta oraciones cantadas desde algunos balcones de su barrio—hasta alcanzar su capilla, donde tenía previsto entrar para, minutos más tarde volver a salir, esta vez sobre una batea cedida por la Hermandad del Transporte y tomar rumbo a la Parroquia de Madre de Dios donde se recogió para iniciar este martes el quinario cuaresmal de la hermandad de la Madrugada.

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