Diario de Pasión

"He llegado a cobrar seiscientos euros por una saeta, ahora eso es impensable"

  • José Méndez y Ángel Vargas, dos saeteros importantes de Jerez, analizan la actual situación

 La mala situación económica del país también afecta a la Semana Santa, y por supuesto a los saeteros. No hace demasiado tiempo las propias hermandades e incluso particulares, que por darse el gusto de tener un buen saetero en su balcón tiraban de talonario, contrataban a las mejores voces de este palo para engrandecer aún más el cortejo de sus imágenes titulares. 

Es más, los saeteros jerezanos no solamente eran requeridos en su tierra, sino que también gozaban de un cartel extraordinario en otras localidades cercanas, sobre todo Sevilla, donde siempre ha habido y hay admiración por la saeta por seguiriyas (los últimos en cantar han sido ayer y antes de ayer José Méndez y Luis de Pacote, al que llamó el mismísimo Morante de la Puebla para que cantara ante el Gran Poder). 

Desgraciadamente para muchos de ellos, la crisis les ha tocado de lleno y en cuestión de años las cantidades se han reducido a menos de la mitad. Cuenta Ángel Vargas, con más de treinta años de experiencia cantaora, que en esa época dorada “llegué a cobrar 50.000 o 40.000 pesetas por una saeta. Pero ahora todo ha cambiado mucho y te llaman a cuentagotas”, explica.

Otro de los saeteros jerezanos más reconocidos fuera de su ciudad, José Méndez, asegura que la situación “es un poco triste. Yo he ganado mucho dinero en Semana Santa, porque se respetaba a los saeteros, a los de verdad, y se valoraba su cante. Eso ya no sucede, y a veces te piensas si merece la pena ir a cantar o no por lo que te dan”. 

Al igual que su compañero de profesión, el jerezano posee un currículo extraordinario en este terreno, de ahí que al hacer memoria reconozca que el mayor pago por una saeta “fue en Sevilla hace unos años. Canté al Gran Poder y la hermandad me pagó 600 euros, pero eso ahora es impensable”.  

No hace demasiado tiempo, Angelito Vargas “podía cantar en una noche ocho o diez saetas y la verdad es que en una semana ganaba dinero, pero ya no, primero porque ya eso de pagar al saetero no se lleva y luego porque ya no tengo tanta fuerza como para hacer ocho saetas en una misma noche”. En esa misma línea se pronuncia Joselito Méndez, quien también podía ejecutar en una noche “cinco o seis saetas”.

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