Lunes Santo en Jerez | Amor y Sacrificio Sacrificio de sobriedad y belleza serena

  • La hermandad de la parroquia de Madre de Dios volvió a ofrecer al Lunes Santo su clásico espíritu ascético y penitencial

Una saeta rompía el silencio cuando la hermosa Virgen de Amor y Sacrificio salía del templo parroquial de Madre de Dios. La zona de la Estancia Barrera era un cúmulo de oraciones calladas. La saeta adornaba aún más si cabe ese espíritu penitencial que los penitentes de capuz saben darle a su cofradía. Todo sobrio. Todos envueltos en la oración con el rezo del rosario y sus letanías que no cesan mientras la Santísima Virgen avanza hasta llegar a La Plazuela y saludar a la Dolorosa que ya espera a la madrugada del Viernes Santo.

La hermandad volvió a dar testimonio de fe desde este enclave tan jerezano. A un buen ritmo, tomaba la calle Sol para llegar hasta Granados y así acercarse a la plaza de las Angustias.

Una cofradía con un tono distinto y singular. Una maravilla de imagen que lleva en sus manos la corona de espinas y mira al cielo jerezano buscando el consuelo ante tanto sacrificio.

La cofradía llevaba como estreno a los muchos niños que en la denominada ‘pavería’ forman ya parte de la cantera de la corporación. Y muchos penitentes en sus filas con ese cordelillo tan característico. Una hermandad distinta pero que no desentona a un mismo tiempo. Sin cuerpo de acólitos. Sin grandes estandartes y sin zancos para llevar a la Señora. Al ritmo de la horquilla, la Santísima Virgen llegó al centro haciendo su estación de penitencia a la Catedral jerezana.

A su vuelta, un lugar idóneo es el paso por la parroquia de San Miguel. En la oscuridad serena de la plaza León XIII, la Virgen de Amor y Sacrificio fue recibida por los cofrades del Santo Crucifijo de la Salud como es costumbre. Y a partir de ahí, las saetas que fueron interpretándose al paso por su barrio. Con especial mención a la de Ana de los Reyes que en el balcón de la peña La Bulería le cantó a pocos metros ya de llegar de nuevo a Madre de Dios donde Jerez tendrá que aguardar a un Lunes Santo próximo para embelesarse con su hermosura y apenarse por su bendito sacrificio.

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