Tres siglos de diálogo incesante
Reportaje
La Virgen del Desconsuelo cumple 300 años en su altar de San Mateo
Se puede decir, tras más de tres siglos en la ciudad, que María Santísima del Consuelo es uno de los símbolos históricos más importantes y añejos de Jerez. La titular de la hermandad a la que da nombre fue bendecida junto a la talla de San Juan Evangelista el 13 de abril de 1713, trece meses después de que se aprobaran los estatutos de la primitiva cofradía. Un año después que la Virgen del Desconsuelo llegaría el Señor de las Penas para asentar su residencia en San Mateo. Una hermandad y unos titulares que han sido testigos, y en alguna ocasión víctimas, de distintas guerras y confrontaciones históricas.
Tras su llegada a San Mateo, la imagen de María Santísima del Desconsuelo promovió la devoción del barrio a la imagen, lo que facilitó que se le realizara una capilla exclusiva dentro del templo gracias a las donaciones de los feligreses. Estas obras se iniciaron en 1723, siendo en 1727 cuando la imagen ocupa su nuevo altar, de estilo churrigueresco, al lado derecho del retablo principal. Más de un siglo después, en 1840, se trasladó a esta capilla el Sagrario de la parroquia. El objetivo más próximo de la hermandad es la restauración de este módulo de la iglesia, que debido a su mal estado lleva años clausurado. La nave central de San Mateo fue restaurada hace años, asentando uno de los templos más antiguos de la ciudad, fundado por Alfonso X El Sabio tras la conquista de la ciudad en 1264.
El paso de palio de María Santísima del Desconsuelo, en las dimensiones que se conocen hoy día, fue adquirido a la cofradía sevillana de La Amargura, el día 2 de enero de 1926, por la cantidad de 19.500 pesetas. Ese mismo año, es la hermandad hispalense la que presta el manto de su dolorosa para que procesionara el Desconsuelo, el cual fue posteriormente también comprado por la hermandad jerezana. Hasta esta fecha, el paso de palio de la titular de Los Judíos no era más que un pequeño palio cupulado de tonos claros, con peana para ser portado en parihuela y sin sitio para la candelería. La adquisición de esta nueva canastilla fue la decisión de la hermandad por adaptarse a los modelos estéticos sevillanos y supuso el paso para que en 1952 se fusionaran con la Sacramental de San Mateo.
Mucho se ha hablado del genio escultor de las tallas de María y San Juan Evangelista. Los estudios, en un principio, apuntaron al siglo XVIII como la época de su ejecución, relacionando las imágenes con imagineros tan señalados como Montañés, La Roldana o Jacinto Pimentel. Sin embargo, la paternidad de las imágenes se atribuye actualmente al sevillano Ignacio López, formado en el taller de Pedro Roldán y afincado en El Puerto a finales del siglo XVII.
El conjunto escultórico que da vida al diálogo entre María y Jesús está bañado en expresividad gracias al leve ladeo izquierdo de la cabeza de María Santísima del Desconsuelo mientras mira a su derecha. La posición de las manos entre las dos imágenes consigue el movimiento necesario para dotar la escena de energía.
La talla de María fue restaurada en 1980 por José Guerra Carretero, quien mencionó el deterioro de la Virgen, con el rostro casi desprendido de la cabeza. El manto, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda de 1905, ya se ha enfrentado a dos restauraciones. El resultado de la última fue mostrado en la Sala Compañía el pasado 19 de enero, tras 30 meses de trabajo en el taller del bordador José Ramón Paleteiro. San Juan, por otro lado, muestra varios elementos clave del Siglo de Oro, como es el bigote y la barba partida en dos. La túnica y el mantolín originales del apóstol datan también del siglo XVIII. El pasado año 2000, fue Ildefonso Jiménez quien realizó una nueva túnica, réplica de la original.
Como dato curioso, durante los primeros dos siglos de su fundación, la hermandad ni fue conocida como 'Los Judíos de San Mateo' ni salía el Martes Santo, dos datos clave de la Semana Santa actual. Los días en que procesionaba la cofradía, conocida como 'Silencio de Jesús de las Penas' se fueron sucediendo entre Jueves Santo, Madrugada y Viernes Santo. Tras varias ocasiones en que la hermandad se disolvió, en 1922 se realizó la reorganización definitiva y procesionó todos los Martes Santos que el tiempo permitió hasta la actualidad, excepto en un stand-by entre 1932 y 1938. Es precisamente a finales de esta década de los 30 cuando la cofradía recibe el apelativo popular derivado de los feos esbirros judíos de cartón piedra que portaba el misterio cuya réplica fue encargada posteriormente a Ramón Chaveli. Pero esta es una historia que tocará repasar el año que viene, cuando se cumplan los 300 años de la bendición de Nuestro Padre Jesús de las Penas.
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