Arturito Pomar, cuando el franquismo jugaba al ajedrez, hoy en 'Imprescindibles'

Arturito Pomar en la recepción de Franco en El Pardo en el año 1946
Francisco Andrés Gallardo

01 de marzo 2026 - 09:41

En España el talento y valía no garantizan el reconocimiento y la prosperidad. Si acaso permite recibir palmadas en la espalda antes de encontrar el vacío, el extraño resquemor del triunfo. El ajedrecista Arturo Pomar es la crónica de una aportación extraordinaria que quedó aprisionada entre la indiferencia y la incompetencia de una España de posguerra aislada y necesitada de prestigio. Imprescindibles le dedica la semblanza de hoy, a las 21.00, en La 2. El pequeño peón es el título del trabajo de Joan Gamero.

Conocido durante años como “Arturito Pomar”, se dio a conocer como un niño prodigio que a los 12 años ya era un fenómeno de masas en una disciplina de élite como el juego del jaque mate. En principio su valor y figura fueron explotados por la dictadura franquista para proyectar un rango intelectual y cultural del sistema hacia el exterior. Tras las recepciones, las portadas de periódicos y las entrevistas de esta fama temprana se escondía la figura de un peón en un tablero político de un mundo surgido de las cenizas. Un mundo que no le correspondía, un país que no le iba a tratar como merecía su brillantez y esfuerzo.

A diferencia de otros juguetes rotos, Arturo Pomar no abandonó el tablero al crecer, pero sí perdió el favor del régimen. Su vida se convirtió en un contraste constante. Durante su juventud recorrió América ganando torneos, pero la falta de apoyo institucional lo llevó a dilapidar el dinero ganado, convirtiéndose en un hombre entregado de forma obsesiva al ajedrez. Tras su regreso a España ya adulto la realidad se impuso. Para sostener a su esposa y siete hijos el genio del tablero terminó como funcionario de Correos, compaginando la rutina administrativa con su obsesión por las 64 casillas.

Su momento de mayor gloria deportiva llegó en 1962, en el Interzonal de Estocolmo. Allí se midió de igual a igual con leyendas como Bobby Fischer y la cúpula soviética. Pero el precio de la genialidad fue devastador. Fue tanto el esfuerzo mental y la presión acumulada que su precariedad desembocó en una esquizofrenia que marcó el tramo final de su existencia.

Aunque su figura sea desconocida para las nuevas generaciones, sus logros no pueden quedar en segundo plano. Fue el primer gran maestro español del ajedrez contemporáneo que desafió a las grandes figuras de su tiempo, con una infancia marcada por la instrumentalización política y una vida adulta marcada por la desesperación.

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