El chorizo que se convirtió en la estrella de un prodigioso descubrimiento astronómico
Un 'tuit' de un divulgador francés, Etienne Klein, acabó en la portada de webs científicas
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En la era de la posverdad y la inmediatez digital, ni siquiera la profundidad del cosmos está a salvo de un buen embutido. Lo que comenzó como una fascinante instantánea de Próxima Centauri, supuestamente captada por el revolucionario telescopio James Webb, terminó convirtiéndose en una de las lecciones de humildad científica más virales de los últimos años. Sucedió en pleno verano de 2022, época siempre tendente a los contenidos virales, a las 'serpientes'. El responsable: un físico francés Étienne Klein, quien demostró que, a veces, la frontera entre una nebulosa lejana y una rodaja de chorizo es peligrosamente delgada.
El experimento, ya que así lo defendió Klein tras la polvareda mediática, consistió en publicar una imagen de un rojo intenso, salpicada de texturas blancas y anaranjadas sobre un fondo negro abisal. Para los más de 90.000 seguidores del director de investigación de la Comisión Francesa de Energía Atómica, el nivel de detalle era sobrecogedor; para el paladar español, el engaño era delicioso, demasiado parecido a una rodaja de chorizo. El tuit superó los miles de "me gusta" y al tratarse de una autoridad científica se dio a la foto por buena.
Sin embargo, la broma y lección sobre la facilidad de propagación de bulos se fue de las manos. La efervescencia en redes, dando por verdadera la foto astral en lugar de ser una superchería charcutera, obligó a Klein a confesar la realidad: la "estrella" no estaba a 4,2 años luz, sino en la despensa de su cocina. La imagen, efectivamente, era, literalmente, un trozo de chorizo. Con un tono entre lo pedagógico y lo sarcástico, el físico instó a la comunidad digital a desconfiar de los argumentos de autoridad y a vigilar los sesgos cognitivos que afloran, especialmente, "a la hora del aperitivo". Según la cosmología contemporánea, bromeó Klein, no hay rastro de charcutería fuera de las fronteras terrestres. El divulgador tuvo que aguantar reprimendas de todo tipo. Se pasó.
Más allá de la anécdota, el gesto de Klein ha abierto un debate necesario en los círculos de prestigio sobre la verificación de contenidos. En declaraciones al portal Le Point, el científico aclaró que su intención era evidenciar cómo las noticias falsas, en este caso, una fake news con sabor a pimentón de la Vera, tienen un éxito significativamente mayor que los hallazgos reales. La broma funcionó precisamente por el contexto: el telescopio James Webb acababa de enviar sus primeros retratos detallados del Universo, y el público estaba ávido de maravillas.
Mientras el telescpoio continúa su misión real de captar la luz de las primeras estrellas de hace 13.500 millones de años y buscar exoplanetas habitables, la lección de Étienne Klein permanece como un recordatorio de nuestra propia fragilidad mediática.. La ciencia no solo consiste en observar lo infinitamente lejano, sino en no perder de vista lo que tenemos frente a nosotros. Y discernir y distinguir.
El "incidente gastronómico" confirmó que la tecnología más avanzada del siglo XXI y su inmediata difusión no sirve de nada si no va acompañada de un pensamiento crítico afilado. El espacio es vasto, misterioso y fascinante. Y las únicas estrellas que podemos disfrutar con un trozo de pan siguen estando exclusivamente en la Tierra, como nuesto chorizo.
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