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Orestes desentraña 'Pasapalabra' y detecta que a Manu Pascual le pasó lo mismo que a él con Rafa Castaño

El concursante burgalés, uno de los más queridos por la audiencia en la historia del concurso, opina que la dificultad de algunas palabras es excesiva y agota a todos los implicados

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Manu Pascual de 'Pasapalabra', diez datos poco conocidos y su paso por el concurso

Orestes Barbero en 'Pasapalabra' / Atresmedia
F.A.Gallardo

09 de febrero 2026 - 09:32

El fenómeno de las últimas victorias en Pasapalabra ha dejado una tendencia inquietante: el concursante que inaugura la etapa y hace crecer el bote termina sucumbiendo ante quien llegó después. Es lo que ha sucedido con Manu Pascual y es lo que le pasó al burgalés Orestes Barbero, quien hasta ahora era quien había estado más tiempo persiguiendo el premio de Pasapalabra, cayendo ante Rafa Castaño.

Orestes ha sido entrevistado por El Confidencial para desentrañar lo vivido la semana pasada con el bote obtenido por Rosa Rodríguez y compararlo con lo vivido por él en marzo de 2023. El de Burgos, que recaló de sabio en El Cazador, estuvo 360 programas mientras que Rafa Castaño tuvo 197 duelos con él.

Para Orestes en esta carrera de fondo por el gran premio no es solo una cuestión de talento y estudio, sino que hay mucho de gestión emocional y que penaliza a quien más tiempo permanece en el progrmaa.

Orestes recomienda a la producción del programa que enfoque en el desequilibrio de fuerzas que se genera tras cientos de tardes bajo el foco. "Tendrían que tener más cuidado con el primer concursante, el que hace crecer el bote, ya que acaba más cansado y nervioso cuando llega el segundo. El segundo siempre llega más fresco", detecta el ex concursante. Según su experiencia quien lleva menos tiempo, paradójicamente, cuenta con una ligera ventaja de sentirse más fresco.

El desgaste no es solo físico, sino que Barbero lo define como una "atmósfera nerviosa que te persigue a todos lados". A diferencia de un empleo convencional, la condición de concursante no termina al salir del plató. Orestes relata cómo, incluso en sus días de descanso, vivía con un "sexto sentido" activado para recabar datos, lo que acaba provocando una saturación mental que, a la larga, pasa factura en el momento decisivo de competir cada día.

Otro de los puntos más críticos de su charla con El Confidencial se dirige a la dificultad de las preguntas finales, que califica de "absurdas". El burgalés lamenta que el estudio exhaustivo de cultura general no siempre se vea recompensado cuando las definiciones rozan lo imposible. Se pueden hacer lista de todo tipo de figuras ilustre, pero "es muy distinto que te pregunten por el apellido del pintor de la verja amarilla que está en una ciudad perdida de Estados Unidos… Es que eso es como preguntar por la nada", sentencia con dureza. Su explicación: además de elevar excesivamente el listón no permiten al concursante lucirse en todo lo que sabe.

Esta dinámica, según Barbero, lo define como una "asíntota" en la que el bote parece inalcanzable, infinito, hasta que la dirección del programa decide "levantar la veda". Orestes explica que, mientras en épocas anteriores el objetivo era asequible con esfuerzo, el planteamiento actual impide marcar la diferencia hasta que el camino se ilumina por voluntad del azar o del guion. "Pasapalabra juega con que para el gran público todo suena igual de complicado, pero cuando estás ahí, es un abismo insalvable", añade. Son las dos palabras "imposibles" de cada rosco. "Antes eran muy complicadas, pero con una gran cultura y estudiando podía sonar la flauta. Sin embargo, desde los últimos años, es directamente absurdo", opina. 

En cuanto a lo económico, Orestes no evita la polémica y reclama una actualización de los premios acorde a los tiempos actuales y al éxito de audiencia del programa. "Llevan con el mismo premio desde el año 2000 y el IPC ha subido casi el doble. Es que tendrían que duplicar los premios prácticamente", afirma. Para el joven, tras un año y medio de sobreexposición y tensión constante, el "pellizco" obtenido no resulta proporcional si se compara con otros formatos televisivos que manejan presupuestos similares.

Actualmente volcado en ub doctorado de Filosofía sobre Aristóteles y disfrutando de su etapa en El cazador, Orestes mira a Pasapalabra con una mezcla de nostalgia y prudencia, con la mirada crítica de quien ha dedicado años de su vida a la preparación y competición de un concurso que llega a tener carácter obsesivo. Opina que Pasapalabra, aunque sea un éxito de audiencia, debe recuperar un punto "más humano e ilusionante" donde el resultado dependa exclusivamente de las aptitudes y no del cansancio acumulado o del azar de una pregunta imposible.

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