Las Ventas | Decimoquinta corrida de la Feria de San Isidro Fernando Robleño impone su oficio

  • El diestro madrileño consigue la única vuelta al ruedo del festejo

  • Gómez del Pilar y Ángel Sánchez, ovacionados

  • Corrida de Escolar, en el tipo de la casa y dura

Fernando Robleño, en un ayudado con la izquierda al cuarto toro de José Escolar. Fernando Robleño, en un ayudado con la izquierda al cuarto toro de José Escolar.

Fernando Robleño, en un ayudado con la izquierda al cuarto toro de José Escolar. / Kiko Huesca / Efe

Las ganaderías de José Escolar, Victorino Martín y Adolfo Martín –Albaserrada– lidian consecutivamente esta semana en homenaje a este encaste por su centenario, que comenzó ayer con un encierro de José Escolar, en el tipo de la casa, con toros cárdenos y duros que ofrecieron un juego muy serio y variado, con muchas complicaciones y exigencias.

Un viento insoportable y por el que se debería suspender afectó a los toreros en la lidia, ya que tuvieron que refugiarse casi en tablas, y por supuesto, debido a los terrenos, también lo acusaron los toros en su juego.

Fernando Robleño desplegó oficio y buen toreo ante su desigual lote. Se justificó con creces ante el toro que abrió plaza, una auténtica alimaña que se dejó pegar en varas, cortó en banderillas y que buscó el bulto por ambos pitones. Un trasteo con oficio con la dificultad añadida del viento y que se cerró con el toro ya orientado y tapando la salida al matador que lo despachó de varios pinchazos y descabellos.

El cuarto, alto, salió con las manos por delante y Robleño lo recibió con verónicas mandonas. El toro empujó con la cara alta en varas. El madrileño volvió a demostrar su capacidad lidiadora y dejó destellos de toreo bueno. Molestado por el viento, fue confiando a un toro que embestía con seriedad. Cruzándose, logró los mejores momentos con la diestra, con muletazos de mano baja y otros de bella factura. También dibujó ayudados con la zurda en los que dominó al astado. Hubo mando y temple. Lamentablemente mató de estocada muy desprendida y descabello. Tras petición de oreja, dio una merecida vuelta al ruedo.

Gómez del Pilar –únicamente ha toreado toros de este hierro en una ocasión– arriesgó ante sus dos oponentes con entrega y arrojo. Se jugó la vida recibiendo al segundo con una larga cambiada de rodillas. Estuvo bien con la muleta. Sobó mucho al astado hasta lograr una serie con la derecha en la que destacó en muletazos de buen trazo. Sonó un aviso antes de entrar a matar para rubricar de pinchazo y estocada.

El quinto, cinqueño, dio miedo desde su salida. Más que cuna –longitud entre pitón y pitón– tenía una cama de matrimonio como cornamenta, que no entraba en los engaños ni por asomo. Gómez del Pilar volvió a jugarse el pellejo en una larga de rodillas frente a toriles. Con el viento en contra, cercano a tablas, concretó una labor voluntariosa ante un toro complicado.

Ángel Sánchez, que dio la cara, también dejó la impresión de ser el menos avezado de la terna ante este encaste. Su primero, un toro serio, cumplió en varas y dio juego en la muleta. El madrileño, tras una actuación pletórica de su cuadrilla –Iván García en la brega y Raúl Ruiz y Fernando Sánchez en banderillas– manejó bien la muleta pese al viento, que no le dejaba colocarse bien. Con la muleta retrasada, el burel se metió y a punto estuvo de cornear al torero que consiguió varios naturales de buen trazo, con el añadido de un pase de pecho profundo. Mató de casi entera y fue ovacionado, como el toro.

Ante el sexto, el más voluminoso y de mayor peso –579 kilos–, Ángel Sánchez anduvo con ciertas precauciones. Afortunadamente, se libró por tablas de una cornada al término del trasteo.

Sin duda, Fernando Robleño consiguió la mejor nota por su oficio en lo que resultó una corrida de Escolar dura y con muchas complicaciones.

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