Tierra de nadie
Alberto Nuñez Seoane
Pedacitos de realidad
LA fiesta comenzó el mes pasado. Ya olía a Navidad. Cuatro domingos antes de la Navidad los cristianos católicos preparaban el advenimiento del Niño-Dios. Pues ya ha nacido. Como un sol brillante en la noche mas larga, en la oscuridad diurna mas prolongada. En la antigua Roma se celebraban por estas fechas las saturnales, fiestas de banquetes, regalos, diversión. Somos de cultura romana. Este Niño-Dios de los cristianos, esperamos que traiga un pan debajo del brazo, y los ciudadanos-pastores le lleven a los niños alimentos, abrigos, escuelas, trabajo para sus padres, agua para los sedientos. Este Niño debería traer a través de sus seguidores las medicinas para tantas enfermedades curables. Sus seguidores deben conseguir que muchos niños que huyen de la miseria, de la guerra, de la explotación, del abuso, encuentren posada, sean acogidos en pisos donde habite el calor y la ternura. Ánimo, el futuro es de los pastores, creyentes o no: son solidarios.
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