Los viticultores temen que se repita una vendimia escasa por el levante

  • Asevi dice que, aunque es pronto aún, "hay miedo" por la persistencia de estos vientos

  • La falta de rentabilidad de la viña influye en el desánimo

Imagen tomada ayer de una viña del Marco, en la que en poco más de un mes brotaran los racimos. Imagen tomada ayer de una viña del Marco, en la que en poco más de un mes brotaran los racimos.

Imagen tomada ayer de una viña del Marco, en la que en poco más de un mes brotaran los racimos. / pascual

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En poco más de un mes empezarán a brotar los racimos en las cepas del Marco y la inquietud crece entre los viticultores, que pese a la lejanía aún del inicio de la recolección -instalada en los últimos años en la segunda mitad de agosto- temen tener que revivir la experiencia de la última campaña, marcada por una vendimia bastante escasa.

Ciertamente, la campaña de 2016 acabó con poco más de 57 millones de kilos de uva molturados, cerca de diez millones por debajo de la media de los últimos cinco años, un periodo de grandes fluctuaciones en el que, con una superficie inscrita de en torno a 7.000 hectáreas de viñedo tras los arranques, las producciones oscilaron entre los extraordinariamente cortos 47 millones de kilos de 2012 y el cosechón de 76,4 millones de kilos de 2015.

"La viña da miedo este año", asegura el presidente de la asociación de viñistas independientes Asevi-Asaja, Francisco Guerrero, quien explica la creciente preocupación de los viticultores en el predominio del viento de levante, que de persistir hasta el final del verano hará mella en la cosecha final.

La producción final de las viñas del Marco depende directamente de las condiciones meteorológicas de las semanas previas a la recolección, que en la última campaña estuvieron marcadas por la presencia de los vientos de levante durante casi todo julio y la primera mitad de agosto. En el anterior año agrícola, la meteorología no acompañó en líneas generales, ya que pese a ser un año seco, en mayo hicieron acto de aparición las lluvias torrenciales que propiciaron que el mildiu se extendiera por todo el Marco, aunque con especial virulencia en los pagos próximos a la costa, en los que hizo estragos.

El mildiu no es el problema en la presente campaña, en la que el viento de levante actúa de antídoto contra el temido hongo detectado días atrás en la provincia de Huelva. De hecho, pocos viñistas han tratado este año sus viñas contra el hongo por la insistencia de las levanteras. Pero al igual que este viento cálido y seco preserva a la uva de las enfermedades que afloran con la humedad, llegado el momento acelera la maduración de la uva y disminuye su peso por la pérdida de agua del fruto, con lo que se convierte en otro enemigo del viticultor mientras el precio de la uva se mantenga bajo.

Es muy pronto, demasiado pronto aún para hacer cábalas, e incluso esta campaña la lluvia ha caído bien y hay reservas suficientes en el subsuelo, pero los viñistas siguen sin verle rentabilidad a la viña y, "tras un año de mucho levante en verano, hay miedo a que el tiempo siga así durante la maduración de la uva", señala Guerrero.

El portavoz de los viñistas independientes asegura que la situación de los viticultores es "mala" en líneas generales. "Cada vez hay menos viticultores y ninguna plantación nueva porque llevamos varios años sin rentabilidad y la viña necesita inversiones", indica Guerrero, no sin añadir que las condiciones meteorológicas del año en curso "tampoco ayudan a mejorar el ánimo" de los viñistas.

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