Flamenco

Momi de Cádiz, un cantaor que regresa a casa

  • El artista gaditano cantará el viernes en el Centro de La Merced, en el barrio que lo vio nacer tras veinte años de ausencia

El cantaor Momi de Cádiz, nacido Jerónimo Raposo Zarco en 1963 y en el mismo Barrio de Santa María gaditano, cumple este año sus bodas de plata como profesional. Sin embargo, pueden ser veinte los años que lleva sin que se le escuche en Cádiz. Momi, que pertenece a esa legión de exiliados flamencos que llevan el nombre de su ciudad por el mundo, no es persona que guste de culpar a nadie a la hora de explicar tanto tiempo de ausencia. Prefiere, a cambio, poner el foco en sí mismo y en su forma de ser. "No soy el típico flamenco -declara-, y tampoco me gusta mucho exponerme. Cuando canto, hago mi trabajo, y a casa". Tampoco en todo este tiempo de profesional ha tenido jamás un representante y el trabajo se lo ha buscado siempre a base de teléfono y, ahora, de internet porque, eso sí, se reconoce "muy luchador". Por eso, en cuanto tuvo noticia de la existencia del Centro Flamenco de La Merced, se presentó allí con el deseo volver a cantar en su ciudad y en un lugar que reúne connotaciones muy especiales para él. El Mercado de la Merced forma parte de su infancia, nació muy cerca de allí, y le impone que, al cabo de los años, vaya a cantar bajo esa histórica estructura convertida ahora en lugar de referencia para todos los flamencos de la capital. Lo hará el próximo viernes, compartiendo escenario con El Niño de Santa María y acompañado por la guitara por Adriano Lozano.

Jerónimo sabe que es lugar común entre los artistas afirmar eso de que se canta "desde pequeño", pero asegura que en su caso es cierto y que, desde chico, era muy dado a coger el micrófono de los autobuses y ponerse a amenizar el viaje. Pero no fue hasta cumplida la veintena cuando decide hacerlo en serio. Fue con motivo del tradicional concurso de saetas de la semana santa gaditana y, desde entonces, dice que no ha parado. La clave de su arranque volvió a estar presente seis años después, cuando otro concurso de saetas le vino a coincidir con un certamen en la peña flamenca de Bornos. A pesar de la incompatibilidad horaria, convenció a Joaquín Linera a que lo llevase -"él tenía ya coche, yo no"- y aún llegando tarde convenció al jurado y terminó alzándose con el primer premio de cante y el primero por alegrías. Presente en ese concurso la manager de la compañía Flamencos en Route, Bornos habría de convertirse en su trampolín, pues desde entonces no ha dejado de tener contratos. Con esa primera, residente en Suiza, estuvo diez años. Después, ha trabajado con la Flamenco Mora, con sede en Alemania, y con el Ballet de Rafael Aguilar, entre otros. Desde hace tres años es titular del Ballet Nacional de España, lo que le ha permitido compartir escenario con Antonio Canales, Esperanza Fernández, Cañizares o Chano Domínguez entre muchos más artistas. Trabajos que han ido viniendo -recalca el cantaor- "por el boca a boca, sin necesidad de representantes".

Momi dice disfrutar muchísimo con el cante de atrás, que ha ocupado mayoritariamente su carrera, "pero sin olvidar nunca el alante", apunta. Al cante para el baile le otorga todos los valores que le son normalmente reconocidos: "Todos los grandes han pasado por ahí, a excepción de algunos maestros que lo han sido del cante pero no del compás", declara. "Cantando alante -añade- se te puede descuadrar el cante e incluso ha habido artistas que hasta se han podido ir de compás, pero en el atrás eso no te puede pasar, y esa exigencia te va encalleciendo y cuando te toca cantar adelante vas sobrao". A pesar de todo, y como todo buen artista que se precie, aspira a terminar cantando sólo alante.

A la hora de hablar de maestros, de las figuras en las que Momi se ha mirado, el cantaor declara que son muchos, "porque de cada uno tienes algo que aprender". "¿Quién no muere por una soleá de Chocolate, o por una seguiriya de Terremoto? -se pregunta-. O las bulerías de Morente, que tiene una personalidad propia. O Vallejo, Marchena, Caracol… artistas que han dejado para la posteridad cantes con su sello". No obstante, Jerónimo es de la opinión de que cantaores de verdad hay muy pocos. "El cante es una pieza y hacen falta muchos cimientos", afirma, sabedor de que con sus opiniones no se gana precisamente amigos, pero, en cuestión de opiniones, no es persona de callarse: "prefiero morirme pobre a acostarme intranquilo, sin haber dicho lo que pienso".

Y puesto a hablar de sí mismo como artista, Momi se define como "un cantaor de batalla". "Creo conocer todos los cantes -añade-, aunque siempre se me puede escapar algún estilo, pero en mi trabajo tienes que tener respuesta y conocimiento para lo que te pidan". En la actualidad dice encontrarse cómodo haciendo los cantes de Cádiz, la caña o la seguiriya, ahora que le ha cambiado la voz. "Aquí todavía puede que me recuerden más por los cantes de ida y vuelta -cuenta-, pero eso era antes. Con el tiempo, la voz se va engordando y puedes afrontar otros estilos de mejor forma". Para su actuación del viernes en La Merced, Momi dice no tener nada preparado. "Me gusta improvisar, ir haciendo cantes normales hasta ver qué es lo que la noche va pidiendo". Dos cosas, al menos, sí que tiene claras: la primera es que Adriano Lozano, su guitarrista, lo conoce bien y no va a tener problemas. Y la segunda y más importante es que el lugar le va a poner: "Esa plaza me trae tantos recuerdos… Quién me iba a decir que me iba a ver allí cantando a mis cuarenta y seis años", concluye.

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