Arquitectura · La belleza intangible

Tánger/Detroit: sólo los amantes sobreviven

SÓLO los amantes sobreviven es una película realizada por Jim Jarmush en 2013. Se trata de una historia de amor interminable entre Adam, un vampiro músico underground y Eve, su enigmática amante aficionada a la poesía. Como su amor viene de antiguo, prefieren vivir separados, él en Detroit, ella en Tánger, ciudades tan antagónicas como alejadas. Son vampiros que llevan siglos y siglos caminando sobre la Tierra, ocultos, cansados de una existencia aburrida en la que han visto cómo el ser humano ha echado a perder prácticamente todo. Su poder es la sangre, y su experiencia les hace ver lo que vendrá, ya que todo se repite una y otra vez. Ambos han abandonado la práctica tradicional de obtener su alimento necesario sustituyéndolo por ingeniosas y divertidas formas de suministro, como corresponde a personajes evolucionados y cultos.

Adam vive en una casa suburbana de una ciudad de Detroit despoblada progresivamente por la pérdida de empleo en las fábricas de automóviles a partir de 1980. Al modificarse su potente actividad industrial, la ciudad cayó progresivamente en una absoluta depresión que produjo la marcha de millares de habitantes, hasta quedar apenas la mitad de la población existente en los años 50 del pasado siglo. Esta disminución ha dado lugar recientemente a la quiebra económica de la ciudad. El abandono de barrios enteros, el corte del suministro del alumbrado público, la ausencia de mantenimiento, ha dado como resultado que el paisaje urbano de zonas enteras de la ciudad se encuentre en un estado de considerable deterioro. Un lugar ideal para alguien como el vampiro ensimismado, que vive de noche y alejado de los seres humanos corrientes a quienes desprecia.

Su amada Eve, por el contrario, vive en un lugar que nos es familiar, la ciudad de Tánger. Justo la condición extrema opuesta: ciudad bulliciosa, llena de música, plena de vida. Habita una casa pequeña, confortable, rodeada de maravillosas ediciones del pasado de libros de poesía. Al caer la noche acude a encontrarse con su amigo, un Christopher Marlowe vampiro, que repite sin cesar que fue él, y no Shakespeare, quien escribió Hamlet y otras obras atribuidas a este. Marlowe es quien le suministra el necesario alimento, pero también comparte con él su amor por la literatura y la palabra. Tánger nos es muy cercana, no sólo porque se encuentre apenas a 14 y pico de kilómetros en línea recta desde Tarifa sino también porque su medina recuerda mucho a nuestras ciudades históricas, y su ensanche, con sus edificios de estilo regionalista, a los de las ciudades andaluzas. A diferencia del centro histórico de Jerez, la medina de Tánger sigue llena de gente que la habita, de talleres artesanales, de calles peatonales, de mercados, pese a que es prácticamente inaccesible para autobuses y coches. Representa la esencia y el sentido de ser de la ciudad.

En la película son los vampiros los que trascienden en el tiempo y conservan el conocimiento, la palabra, los libros o la música. En la vida real somos los seres humanos quienes lo transmitimos a nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros vecinos. La ciudad es el escenario en el que todo ello ocurre y es en ella donde queda la huella del paso de las personas. El pasado queda en la ciudad que hemos recibido. El futuro quedará en la que estamos fraguando en este momento. Tenemos un doble esfuerzo por realizar, un doble trabajo: conservar la ciudad heredada y prepararla hoy para nuestros descendientes, para el futuro. Y de esa manera cumpliremos con nuestro deber cívico inevitable, pues también solo las ciudades amadas permanecen.

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