Tribuna libre

juan antonio ceballos

Carlos Orellana

Hace unos meses acompañamos a su familia para darle nuestro último adiós. Sus seres más queridos, amigos y compañeros de trabajo coincidimos en recordarle como un hombre sencillo con grandes cualidades. De vida muy saludable, una extraña y poco común enfermedad se lo ha llevado repentinamente. Paradójicamente, la enfermedad del granjero puso fin a su gran amor al campo.

Era de destacar su gran templanza. Es muy difícil recordar episodios de su vida en el que le viéramos alterado o violento, en sus enfados conservaba siempre la moderación en su conducta. Mantuvo siempre la serenidad en su respuesta.

No le recordamos hablando mal de otros, el rencor no estaba nunca presente en su reacción.

Su gran capacidad para razonar raramente se veía limitada por la ofuscación o la rabia.

De sol a sol. Difícil es encontrar una persona a la que se pueda aplicar mejor esta expresión. No fue amigo de la noche. Trabajador incansable, gozaba de la honestidad de la persona cuyas ambiciones solo se planteaba alcanzar con su esfuerzo y trabajo y gracias a ello logró en su vida, muy merecidamente, las metas que se fue proponiendo.

Profesionalmente, sin ninguna reserva ni temor a equivocarnos, Carlos fue un modelo muy difícil de igualar. Las cualidades que hemos resaltado lo dotaron de una aptitud que le permitió, desde el primer día que comenzó a ejércela, ir creciendo en ella día a día.

Un gesto que hemos comentado de él era su modo de acercarse a una reunión y presentarse solo. Extendía su mano y decía Carlos Orellana. A partir de ese instante quedaba plenamente incorporado conquistando de inmediato la atención de los demás. Era envidiable.

Sus antecedentes familiares, su amor al campo, su inquietud, espíritu de trabajo y su inteligencia le motivaron para ir aprendiendo día a día las tareas, labores y toda la problemática de la gestión de una explotación agrícola y ganadera.

Quienes tuvimos la ocasión de acompañarle a exposiciones, ferias, y contactos con fabricantes de maquinaria lo hacíamos con la seguridad que da el sentirse arropado por un compañero que sabe lo que habla y que conoce profundamente el sector.

Su labor profesional fue muy valiosa y hay que destacar que realizo una gran aportación al sector en una época en que el campo sufrió una gran transformación. Comercializó una buena marca de tractores y diferentes marcas de aperos y maquinaria a las que aportó el valor añadido de sus conocimientos y asesoramiento en el mejor uso, rendimiento y acierto en la elección del equipo más adecuado.

Muy difícil era encontrar en el sector, en todo el país, un profesional de la talla de Carlos Orellana, no por desmerecimiento de los demás sino por su gran valía, fuera de lo común.

Quienes fuimos compañeros de trabajo hemos recordado estos días el amparo que sentíamos con él. Si se trataba de hacer una gestión importante en una administración pública, ante un cliente, proveedor, … que requiriese un trato personal, la necesidad de conquistar la voluntad de alguien, sabíamos que teníamos al mejor delantero centro, le explicábamos la gestión que era necesario hacer, de inmediato la entendía y le dejábamos hacer. Era afable, cordial, equilibrado y gozaba de una gran capacidad de relación con los demás, sencillamente extraordinario.

Algunos compañeros tuvimos la ocasión de acompañarle y disfrutar con él la maravillosa experiencia de ser rey Gaspar en nuestra ciudad. Trabajo muchos años para los reyes magos de Jerez. Muy importante fue, durante muchos años, su aportación para hacer posible la cabalgata de la ilusión que hace ese día, de nuestra ciudad, una fiesta de la felicidad para todos los jerezanos.

Como jerezano su vida ha sido muy elogiable. La Hermandad de la Amargura lo recordara siempre como un gran hermano mayor. Su humildad y religiosidad hicieron de Carlos una persona de una gran dignidad, con respeto hacia si mismo y hacia los demás.

Hemos acompañado a su mujer e hijos en su despedida y compartido con ellos el dolor de su marcha, ahora debemos conservar su recuerdo, Pepi, Carlos, Juan y Mirian saben que la vida de su marido y padre ha sido ejemplar y de ello se sentirán siempre orgullosos, también los demás de su recuerdo recibimos y podemos continuar sacando mucha y valiosa enseñanza.

Con todo el cariño que te mereces, gracias Carlos.

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