Tribuna libre

Ignacio Arrabal

Escritor

Un premio Atlántico

Corría el año 2004 y yo había publicado mi primer libro hacía apenas un año. Vivía con esa sensación constante y dual de no haber hecho en realidad nada pero haber hecho al menos algo. No sabía -creo que sigo aún sin saberlo- adónde pretendía llegar, pero sí supe en cambio que había ya un punto de partida, que mi biografía literaria había escrito su primera línea. Además vivía con una desaforada intensidad -que afortunadamente ya he perdido- cualquier oportunidad que se me presentaba de conocer a un escritor, conversar aunque fuera brevemente, intercambiar algunas escuetas palabras y, si aquello desembocaba, como alguna vez ocurrió, en unas cervezas, ya me parecía que había de verdad entrado en un territorio anhelado.

Corría, como digo, el año 2004, y meses antes había yo conocido al poeta Carlos Aganzo, con el que desde el principio trabé una sincera y entusiasta amistad que dura hasta hoy. Me invitó Aganzo a un hermosísimo acto que se celebra cada verano en Ávila: la Ronda poética a la Muralla. Así que allí iba yo, con un poema escrito para la ocasión: 'Poema en la distancia', y mi equipaje como siempre lleno de libros, no bien iba a aprovechar la ocasión del acto poético para pasar unos días en tan bella ciudad. Entre los libros que pretendía leer durante mi estadía abulense, estaba 'Hoy es niebla', publicado por Visor en 2002 y que yo había adquirido hacía unos días, del poeta José Ramón Ripoll, y del que ya había ojeado y hojeado algunos poemas que me resultaron de una calidad extrema (si se me permite este adjetivo). Ni imaginaba yo, mientras entraba en el cuarto de hotel que amablemente me tenían reservado, que esa misma noche iba a conocer a Ripoll, que también, como yo, estaba invitado a rondar a la muralla.

Me cayó (nos caímos) bien José Ramón y yo, y pasamos una gran noche de literatura y vino y bares y charla. A pesar de nuestra vecindad (José Ramón Ripoll, Cádiz, 1952), no hemos mantenido demasiado contacto, aunque yo he intentado siempre estar al tanto de lo que hace. Así que me alegré muchísimo cuando me enteré de que le habían concedido el premio de poesía Loewe por su poemario 'La lengua de los otros' (Colección Visor de Poesía).

Bajan las nubes negras / a la llanura de mi pensamiento. Así empieza Ripoll este soberbio libro donde el lenguaje, la palabra y la reflexión profunda son los protagonistas, y donde el poeta se enfrenta, sobre todo y continuamente, a las preguntas que todos nos hacemos sobre este duro oficio que es vivir. Las dudas, el miedo, el dolor o la pérdida (también sirve el plural) recorren este poemario lúcido y riguroso, y siempre lo hace con un lenguaje sugestivo y contemporáneo, que a mí es de las cosas que me resultan más fascinantes de Ripoll, su habilidad, su cualidad de moldear el lenguaje para trasmitirnos lo que ocurre, cómo ocurre y cuándo ocurre.

Quiera el verbo del mundo ser el eco / de un eterno silencio que amalgame / el azar y el destino / …

Versos de esta belleza y hondura se perderán si no leen a José Ramón Ripoll.

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