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Habladurías

Fernando Taboada

Agentes contaminantes

No sé si será por la envidia, pero en cuanto hemos visto que Madrid y Barcelona se convertían esta semana en noticia por los niveles estomagantes de contaminación que vienen padeciendo, aquí hemos puesto manos a la obra para no quedar en mal lugar. Y no, esta vez no hemos salido muy malparados. Después de consultar las estaciones meteorológicas que miden la calidad del aire en Jerez se ha podido comprobar que, contra lo que ocurre en otros aspectos sociales donde andamos bastante rezagados (como el empleo o los niveles de alfabetización), en lo tocante a polución ambiental debemos dejar a un lado los complejos, ya que nuestros índices son perfectamente equiparables a los que soportan en la mayoría de las ciudades industrializadas. Si nos fijamos en dos sustancias tan beneficiosas para la salud como son el dióxido de azufre y el monóxido de carbono, los jerezanos nos podemos sentir orgullosos, ya que la atmósfera que respiramos a diario las contiene en suficientes cantidades como para que nuestro pueblo aventaje de largo a las localidades del entorno, que ya quisieran igualarnos en esta carrera por el progreso.

En el caso de Jerez esta circunstancia resulta especialmente meritoria, ya que la actividad industrial es casi nula. Mientras que en ciertas zonas de Cataluña o del País Vasco es relativamente fácil asfixiarse, pues disponen de un respetable número de chimeneas y de fábricas que no cesan de despedir gases tóxicos, en nuestra ciudad lo tenemos más crudo. Pero Jerez, sin necesidad de recurrir a la metalurgia (es más, incluso cerrando las pocas fábricas que había y que en la medida de lo posible cooperaban a la poca calidad del aire) ha sabido sobreponerse a las dificultades contaminando por otras vías. Porque Jerez, sin tener que montar unos altos hornos que garanticen la humareda, y sin tener siquiera que crear mano de obra, ha alcanzado unas cotas de contaminación prácticamente centroeuropeas, que se dice pronto.

Con la sola ayuda de los vehículos particulares, sin los cuales resultaría del todo imposible que los niños llegaran sanos y salvos al colegio; con la inestimable colaboración de una red de autobuses urbanos que invita a cualquier cosa excepto a montarse en ellos; y por supuesto, gracias a los coches oficiales (tan útiles para acudir a inauguraciones, para salir de compras o para ir a romerías) hemos conseguido ir por el mundo con la cabeza muy alta. No sé si algún día respiraremos aquí un aire tan contaminado como el que disfrutan en Madrid (cuya concejala de medio ambiente califica como el mejor que se había respirado jamás en la villa y corte) pero tampoco debemos resignarnos. Habrá que seguir trabajando codo con codo para que, sin la ayuda de las fábricas, y ya que nos han prohibido fumar en los bares, los señores mayores, las mujeres y los niños, todos podamos ejercer nuestro derecho a acabar con los pulmones hechos cisco.

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