la columna

Bernardo Palomo /

Batiendo récords

Mucho me temo que la ciudad de Jerez, de nuevo, va a ser objetivo periodístico. Ya lo fue semanas atrás cuando toda España se enteró de que muchos de nuestros colegios se veían obligados a cerrar sus aulas porque las mismas no gozaban de las adecuadas condiciones de sanidad debido a la huelga de Limpiadoras. Las pobres llevaban acumulados atrasos en sus nóminas y ya llegaron a una situación insoportable. Ahora, sigo temiéndome que, como continúe la huelga de los operarios que recogen las basuras, también vamos a ser protagonistas mediáticos. Pronto, si esto no se soluciona, los telediarios, sobre todo los matutinos, esos que te repiten lo mismo cada media hora desde la madrugada, empezarán a mostrar imágenes de los contenedores apareciendo mínimamente entre una montaña de bolsas de desperdicios, como si fueran una burda escultura de Pistoletto, el artista italiano que amontonaba colchones viejos, ropa usada y todo tipo de materiales de desecho cubriendo esculturas clásicas Lo que le faltaba a esta ciudad es hacerse famosa por asuntos tan esquivos como estos. Ya fuimos, no hace mucho, ejemplo noticiable y récord absoluto de ciudades o pueblos endeudados. Triste protagonismo de una ciudad necesitada. Menos mal que, ahora, la economía y sus circunstancias lo abarcan todo y cualquier cosa queda supeditada y soterrada ante lo acuciante de los problemas dimanados de la crisis. Si no fuera así y se hiciera control estadístico de otras cosas, también estaríamos a la cabeza. Seríamos récord mundial de monumentos callejeros, no de pésima calidad, sino de un estadio todavía más bajo, esos que deberían hacer sonrojar al que los llevó a cabo y condenar al infierno del olvido al lumbrera que los encargó. Batiríamos todos los récords de barbaridades cometidas contra el patrimonio, de arquitectura autóctona bodeguera convertida en laberíntico bazar chino y otras incongruencias urbanísticas por el estilo. Por eso, es preferible que sólo nos recuerden para decir que han venido todos los moteros del mundo allá cuando mayo huela a feria.

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