EL ORO Y EL MORO

Antonio / Heredia

Chiringuito

De entre los chiringuitos, habidos y por haber, han surgido nuevas tendencias, tal vez paridas en un congreso. En el nuevo quiquiriquí se ha colado la promoción de nuestros encantos en el extranjero, pues para gallear se precisa estar viajado. Otrora el tejido asociativo o particular no daba puntada sin hilo a la hora de ampararse en lo municipal. Sin embargo, se conformaban con excursiones más modestas limítrofes con el Guadalete. Locos de contentos volvían los beneficiados, por mucho que trajeran mataduras de mosquito. A estos embajadores primigenios lo ha sustituido otro cuerpo diplomático que, al socaire del Ayuntamiento, factura sus maletas con souvenirs para el reparto. En París cayó al suelo un abanico con el Alcázar dibujado y ya se dice que los gabachos nos invadirán este otoño.

Antes llegarán los chinos, después de la película que les ha puesto la alcaldesa, viajera acompañada, que estos denuedos en promocionar la ciudad deben recaer sobre más hombros. Como aquí todo va como la seda, se marchó a China, cuna de estos telares, a emular la ruta de Marco Polo. A la vuelta, no contará las aventuras del veneciano, sino por qué un cargo público sólo factura en el equipaje un triste dvd para ir al otro mundo. De lo contrario, habrá creado otro chiringuito o como se llame en mandarín.

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