Francisco Bejarano

Diversidad biológica

L as palabras para designar cosas conocidas desde antiguo con nombres nuevos (biodiversidad, movilidad, multiculturalidad, subsidiariedad, solidaridad, fondo estructural y todas las que queremos añadir, pues hay cientos), o no nos reflejan en la mente nada concreto de inmediato, o nos dan la idea de otra cosa. Hasta una persona culta tiene que pensar un poco e incluso preguntar qué pueda ser un "bolígrafo solidario" o "la movilidad en el viario". Mañana, si mi información es buena, es el Día Internacional de la Biodiversidad, expresión que uno transcribe, después de pensar un poco, como "variedad de seres vivos". La jornada se habrá creado para recordarnos la conveniencia de que haya muchas clases de seres vivos, aunque para mí que lo supimos siempre, y de cómo debemos proteger animales y plantas porque forman una cadena de alimentación, además del mantenimiento de la belleza del paisaje, aunque sea silvestre.

Cuando el hombre mete mano en la naturaleza, si no es para crear animales más beneficiosos para el hombre porque den más carne o más leche, por ejemplo, o para criar aves ornamentales para jardines, cascadas y lagos artificiales, suele meter la pata. En la naturaleza hay que intervenir para embellecerla, cultivarla bien, hacer buenos caminos y puentes y corregir en lo posible sus muchos defectos e injusticias. Todos los años desaparecen especies de animales y plantas y van apareciendo otros nuevos sin que se note demasiado en el curso de la vida natural. Ha sido así siempre. El destino de los seres vivos es extinguirse, o, si hay tecnología, vivir en otros planetas. Esto no quiere decir que si podemos hacer algo para que no desaparezcan especies con las que estamos familiarizadas no lo hagamos. Osos, lobos, linces, buitres o tortugas son personajes literarios, aparte de seres vivos, y a uno no le gustaría que se extinguieran.

Otros animales nos dan francamente igual, para qué vamos a ser hipócritas: hay bichos repugnantes o dañinos, o ambas cosas, de los que no lamentaríamos su extinción, pero tampoco los perseguiríamos. Con las plantas pasa igual. Por haber vivido en el campo muchos años, quien esto escribe tiene inclinación favorable hacia los animales y las plantas, y compasión cuando son maltratados. Parece más injusto maltratar a los animales que a las personas porque las personas pueden defenderse, pedir justicia, acusar o abandonar a quienes las maltratan. Los animales rara vez tienen capacidad para hacerlo. La llamada biodiversidad es tan necesaria como natural e inevitable. Otra cosa es el delirio de querer mantener el planeta sin cambios (climáticos) ni evoluciones, sin extinciones ni catástrofes. Sería una tierra estancada en vías de morir, y para mundos muertos ya tenemos la Luna, que está muy cerca y es muy grande.

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