TRIBUNA LIBRE

Jesús Caballero Ragel / Consejo Local De IU-Jerez

Huelga y liberalismo

LA huelga del pasado 29-S ha sido un éxito, al menos para la clase trabajadora, que ha recobrado su espíritu de lucha y su conciencia de clase trabajadora. Eso ha sido lo más importante, y es mucho. La huelga fue desde el principio un instrumento de los trabajadores para reivindicar sus mejoras laborales ante el abuso de los patronos. Muchas mejoras laborales y sociales se han conseguido a base de huelgas. No ha habido otro camino posible.

La huelga tiene como fin último conseguir el clima de malestar social suficiente que haga reconsiderar a estados, administraciones y patrones aquellas posturas que inciden negativamente en el bienestar de la clase trabajadora. Evidentemente, busca el desorden, el conflicto, el ruido, llamar la atención de los problemas. En el siglo XIX, el liberalismo ideológico, consciente del peligro que representaba la unidad de los trabajadores en torno a las huelgas, las reprimió con dureza. Cada vez que había una huelga, había muertos, la gran mayoría por la represión que se ejercía sobre los trabajadores, a los que se dispersaba a tiro limpio. La creación de cuarteles y la movilidad geográfica de los soldados (hacer la mili en la otra punta de su localidad) obedecía a estrategias de orden público, al utilizarse el ejército de forma activa para reprimir las revueltas de trabajadores.

Indudablemente, para que una huelga sea efectiva, hay que hacerla todos. Aquí entra en acción el piquete, cuya función es sensibilizar a los que no secundan la huelga de la necesidad de hacerla, por el bien común que acarrea. En lenguaje de trabajadores, el que no secunda la huelga es un "esquirol", un trabajador que hace caso omiso a la convocatoria de huelga, a pesar incluso de que se lucha por sus mejoras laborales.

El liberalismo ideológico del siglo XX inventó la compatibilidad del derecho a huelga con el derecho al trabajo, visible en nuestra constitución de 1978. De esta forma, se pretende que en una sociedad de libertades perfectas y sin excesivos problemas, se pueda producir que unos paren en defensa por su puesto de trabajo, mientras otros, alegremente, vayan a trabajar como si fuese una simple jornada más. Pues no, ese derecho, muy constitucional, va en contra de los principios y los orígenes de las huelgas, inventadas por los trabajadores, no por el liberalismo ideológico. Una huelga no se hace por despecho o por deporte. Es una jornada de lucha laboral. Y es normal que haya problemas, conflicto, ruidos, tensiones, etc. Eso mismo es lo que se pretende. Así ha sido siempre, y así será siempre.

Mucho se critica la actitud coercitiva de los piquetes, por llegar a un centro de trabajo y abuchear al que trabaja en jornada de huelga. Sin embargo, nada se dice del terror que tienen miles de trabajadores, que saben que por ejercer su "derecho constitucional a huelga" van después de patitas a la calle, no renovándoseles los contratos. Un terror empresarial real, permitido en nuestra excelente democracia de derechos. Nada más que hay que hablar con trabajadores de los grandes centros comerciales (llámese Explotor, Explotour, Explodona o Explokea), amparado en sus sindicatos verticales (no sé cómo se permite), para comprobar el miedo que tienen estos trabajadores para ejercer su derecho a huelga.

Por otra parte, en esta última huelga se han visto actitudes de la derecha ideológica y económica que recuerdan épocas muy oscuras: un ataque desproporcionado hacia las organizaciones sindicales: que si son unos vagos, que si el número de liberados (que les corresponden por ley). Una descalificación más, como se ha hecho también antes sobre los trabajadores funcionarios, esgrimiendo los mismos motivos. Una derecha, junto a la social-democracia noqueada del PSOE, que han hecho una campaña bestial contra la huelga como no se había hecho nunca, utilizando todos los medios de opinión de masas a su alcance (que son todos). Ambas fuerzas políticas han esgrimido una actitud falsamente patriotera y paternalista, alegando que no era el momento económico para ello, etc. ¿Y cuándo es momento para una huelga para una derecha que piensa que todo lo que suene a huelga es malo, desorden, problema, etc.? Y qué decir del despliegue policial, nunca antes visto…

Después de los recortes públicos y el camino expedito hacia el despido libre viene la reforma de las pensiones, donde los bancos y las multinacionales financieras quieren hincar el diente, jugando en la bolsa con la privatización de las pensiones. La sociedad española debe entender que esta pérdida continua de derechos, marcada por una Europa neoliberal y globalizada, tendrá en contra a millones de trabajadores, que seguirán luchando por la dignidad de sus puestos de trabajo.

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