La ciudad y los días
Carlos Colón
Sobre el analfabetismo religioso
EL mes de junio es el preferido por Mikaelo el eremita. Dice Mikaelo que en junio la primavera y el invierno ya no se atreven abiertamente a acosar al verano con esa osadía corrupta con que, primavera e invierno, violan las partes blandas de la canícula recién nacida.
En junio Mikaelo abandona su roca del desierto y se traslada a Roquetas de Mar porque cuando el calor aprieta es incapaz de concebir uno solo de sus maravillosos y filosóficos pensamientos.
Una vez acomodado en Roquetas, cuando los turistas y los veraneantes ya se han dado su baño correspondiente, acuden en masa, bocadillo en mano, a escuchar las sabias sentencias del inefable Mikaelo:
-Mikaelo, dígame usted por favor, ¿qué es un agujero negro?
-Un agujero negro es un boquete en el calcetín de un nigeriano.
-¡Qué sabiduría tan encomiable tiene este hombre..! Yo creía que un agujero negro era una antimateria hambrienta de materia..
-¿Y qué son, venerable Mikaelo, unas elecciones europeas?
-Las erecciones europeas son las mismas que tiene usted, cochambroso individuo, que esas cosas no se preguntan.
-¿Y qué es un archipiélago malasio?
-Un archipiélago malasio es un galápago rodeado de su familia.
-¡Qué hombre tan singular es usted!
-Desvéleme, Mikaelo, qué es la gripe A para prevenirme de ella.
-La gripe A es exactamente igual que la gripe B pero con más mocos.
-¿Y cree usted que hace falta la mascarilla?
-En Venezuela sí. Pero en Venecia es preferible la máscara a la mascarilla.
-Tengo un niño que no quiere estudiar, ¿qué hago con él?
-Cómprele un balón de reglamento. Porque puede ser que sea el niño quien saque a la familia de las trampas tan horribles que tiene usted.
-¿Cree usted, Mikaelo?
-Claro que creo, pero de fe, no comment.
-¿Quiénes no comen de fe?
-Los ateos.
-¿Mikaelo, usted es homosexual?
-No, querido, soy lagarterana.
-¿Qué opina usted de José Tomás?
-Que cuando sea el mayor multimillonario del mundo nos sacará la lengua a todos.
-¿Y de La Parrala qué puede usted decirme, Mikaelo?
-La Parrala dicen que era de Moguer. Y otros aseguran que era de La Palma, pero nadie pudo de fijo saber de dónde sería Trini la Parrala.
-¿Entiende usted de economía cuántica, Mikaelo?
-Yo sé cuántico tengo debajo del ladrillo, pero no se lo digo ni a mi padre.
-¿Qué es una choza?
-Lo que nos espera a todos si llegamos al 2020.
-¡Este hombre no es normal, sabe de todo..! ¿Conoció usted a Joselito el Gallo?
-No. Yo conocí al Gallo de Morón. Cacareaba que daba gloria escucharlo.
-¿Y a qué hora cacareaba, Mikaelo?
-A las cuatro de la mañana. En Canarias a las tres.
-¿Lleva usted pantalones debajo de la túnica?
-Llevo dodotis porque el esfínter anal me traiciona.
-¿Tiene usted hijos?
-Tengo uno, pero está en la cárcel por gustarle lo ajeno más que lo propio.
-¿Duerme usted muchas horas?
-Duermo cinco horas, pero las multiplico por dos con mis neuronas y me despierto diez horas después como una rosa.
-¿Qué opina usted de la Duquesa de Alba?
-Hombre, qué voy a pensar… Que fue la inventora del algodón de las ferias y se va a comprar, con la exclusiva, lo poco de España que todavía no es de ella.
-¿Y de Falete, qué opina usted?
-Que le envidio sus mantones de Manila porque uno no es de piedra.
-¿Cree usted que España sigue siendo una, grande y libre?
-Claro que lo creo, criatura. España es una porque la otra se llama Copla. Es grande porque caben en ella todos los corruptos y sinvergüenzas del mundo. Y es libre hasta que las leyes no se asienten un poco y España no sea un país en donde dije Diego digo luego, que eso origina ocasiones muy aprovechables.
-¿Sabe usted a qué se le llama escroto?
-Escroto es una abreviatura de Scrottand Yard, sede de la policía británica.
-¿A usted le gustan los huevos fritos?
-Si están fritos a base de picaduras de pérfidos mosquitos los prefiero pasados por agua.
-¿Puede usted explicarme por qué se insultan y se ríen unos de otros los políticos?
-Es un subterfugio que nos vemos obligados a soportar. En el fondo cada líder ama al otro como Romeo a Julieta. De amarse tanto ambos amantes llegaron a la muerte. Dios quiera que nuestros políticos no se amen tanto que la víctima de tal amor pueda ser España.
-¿Puede usted decirme qué hora es, Mikaelo?
-Tengo el reloj parado. Cuando pase por Pilas me compraré una.
-¿Saldremos de esta crisis horrible, ilustre pensador?
-Saldremos cuando dejemos de amarnos tan egoístamente y cuando no vayamos detrás del poder y de la ambición…
Mikaelo que estaba sentado en una roqueta, se levantó y se zambulló, o se zambujo, en las tranquilas aguas del mar. Sus devotos recogían las gotas de agua que habían besado su cuerpo serrano y las guardaban en tarritos de cristal para echarlas en la pila del bautismo de sus nietos y de sus nietas como sagrada cosa.
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