Manuel Moure

Navegación desnuda

Visto lo visto, y como parece que no hay solución posible, considero que todos y cada uno de los millones de internautas de este mundo deberíamos tomar conciencia de un hecho: navegar por la red es lo mismo que ponerse en pelotas en la plaza del pueblo. Es decir, cualquiera puede ver lo que haces, reírse de ti, sorprenderse (que será lo menos probable) y, de paso, correr el riesgo de que te coloquen varias pegatinas en la espalda para que sirvas de reclamo publicitario.

Para realizar las gestiones financieras -desde la recarga del móvil a comprobar el estado de la cuenta bancaria- existen conexiones seguras que nos permiten cubrir nuestra desnudez durante unos minutos, disfrutar de la intimidad en compañía del vil metal y, sobre todo, evitar que nos quedemos con una mano delante y otra detrás en lo que a la pasta se refiere. Nada hay más cobarde que el dinero y, por eso, sólo él recibe tratamiento tan especial.

Por desgracia, Internet -que sigue teniendo más ventajas que inconvenientes- no es una democracia. Es una dictadura en la que apenas unas pocas compañías nos proveen de una tecnología con la que, además de hacernos transparentes, nos obligan a tragar ruedas de molino. Todo ello bajo el pretexto caciquil de "esto es lo que hay. Lo tomas o lo dejas". Por mucho que algunos digan lo contrario, el monopolio está ahí y, para colmo de males, es utilizado para acentuar nuestra desnudez internáutica e introducirse de pleno en los detalles de nuestra vida.

Como bien se describe en la información superior, ¿qué sentiría usted en una situación como ésta? Después de recibir un correo electrónico del banco, en el que le dicen que se ha quedado sin un euro hasta fin de mes, comienzan a lloverle mensajes en la carpeta de entrada ofreciéndole créditos al consumo. Vaya tela. La privacidad es sagrada, a pesar incluso de que nos hagan navegar en pelota picada.

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