Patada a seguir

Fermín de la Calle

Perder

LA semana pasada me invitaron a una ‘experiencia gastronómica’ en uno de esos restaurantes cool de Madrid. ¡Y vaya si lo fue! El experimento consistía en reunir en una habitación aislada, una antigua sala de despiece de carne, a un grupo de personas elegidas al azar para degustar una menú delicioso. Entre los comensales había un aristocrático matrimonio colombiano, un ejecutivo de Boston y su madre y un grupo de empresarios de éxito, camisa italiana y relojes de colección, de diversa procedencia, que rondaban la cuarentena.

Después de un par de horas de amena conversación, descubrí que compartía algo con los empresarios: todos estábamos divorciados, separados o en vías de ello. Y, sobre todo, todos teníamos hijos. Como yo era quien más tiempo llevaba en dicho estado civil, pasé buena parte de la noche respondiendo preguntas al respecto: ¿Y cómo lo encajaron los niños? ¿Y no te hicieron sentirte culpable? ¿Y ella ha reconstruido su vida? La cena concluyó en una animado local tomando una copa antes de cruzarnos los teléfonos en un grupo de whatsapp que alguien bautizó como ‘El club de los primeros esposos’.

El brindis final fue muy sintomático: “Porque en la vida a veces también toca perder”. Eso me hizo recordar otra comida, esta con David Trueba, en la que acabamos hablando de lo mismo. Al hilo de la condición de padres (y divorciados) de ambos coincidimos en la preocupación por educarlos desmitificando el éxito y normalizando la derrota. La derrota está infravalorada. Perder es un proceso necesario que te hace aprender, conocerte a ti mismo y conocer a los demás. Además de ser una de las posibilidades a la que nos enfrentamos cada día en la vida. El problema tiene más que ver con lo que conlleva el hecho de “no ganar”. La inquietud de David (Trueba) le llevó a escribir un maravilloso libro que se llama ‘Saber Perder’, en el que acabas entendiendo que ganar es una maravillosa casualidad y perder, una oportunidad esplendorosa. Ganar o perder es coyuntural. Crees que has ganado y en realidad has perdido.

Perder en esta sociedad es no cumplir las expectativas. Las tuyas y especialmente la de los demás. Vivimos una época de ‘exitismo’ en la que elogiamos al triunfador, al que todo lo ve bien. Aquellos exitosos empresarios en realidad escondían su derrota personal bajo sus ropas caras y sus coches deportivos. “Perder es fracasar”, dijo alguno. Además de ser incierto, deberíamos desterrar ese mensaje en la educación de nuestros hijos. He conocido deportistas de primer nivel a los que no habían preparado para perder y se derrumbaron.

Y otros que convertían cada derrota en una oportunidad para crecer hasta subir a lo más alto del podio. Solo el que ha perdido disfruta plenamente la victoria. Traté de argumentar a los comensales que el éxito es tan relativo como el fracaso, que la clave es cómo lo asuma uno. Huelga decir que no compartieron la reflexión. Cuando me despedí, les dejé un mensaje en el grupo de whatsapp: “Enseñad a perder a vuestros hijos, habrán ganado mucho”.

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