El cuentahílos

Carmen Oteo

Perplejidad

ESTOY como los bancos, que no doy crédito. El Juez más célebre de España se ha ido a cazar muflones con el Ministro más antipático, la víspera de toda una batida anticorrupción. Han demostrado que la separación de poderes no afecta a sus elitistas aficiones comunes. La imagen, escopeta en ristre, no ayuda a confiar en la justicia española con independencia de que la instrucción de la causa se dirija contra miembros del Partido Popular o de otro.

Me hubiese gustado que Garzón se hubiera ido hace unos años a cazar muflones a la serranía de Málaga, Huelva y Cádiz, que hubiera investigado la corrupción de Marbella cuando Gil mandaba y el cemento, el mármol y el mal gusto la iban sepultando mientras la Junta de Andalucía miraba para otro lado. Por cierto, ¿Qué herencia dejó Gil y dónde está?

En la época de celo de las aprobaciones de los planes urbanísticos locales, la cacería hubiera resultado mucho más productiva, aunque como no conozco las normas de la caza mayor, no se si hay veda en este tiempo ni cuándo se levanta.

Se han creado tantos poderes centrales y descentralizados en España, que si es verdad aquello de que el poder corrompe, la progresión aritmética de la corrupción de las cañerías de Ministerios, Comunidades Autónomas, Diputaciones y Ayuntamientos da miedo y se puede convertir en un problema infeccioso de salud pública, a poco que actúe la sanidad de la fiscalía.

Hay mucho que trabajar en la serranía política. Hay que desbrozar, fumigar, hacer una selección de las especies para que el ecosistema democrático pueda sobrevivir, sobre todo con el último temporal de crisis que estamos soportando. Hay que formar a los guardabosques y hacerlos independientes para qué no actúen por intereses particulares o simpatías. Hay que proteger el medio ambiente político, renovar sus presupuestos y sanearlo hasta hacerlo cuando menos respetable. ¿Será lo que nos merecemos?

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