La tribuna

Rafael Rodriguez Prieto

Primarias, amarguras y mitos

QUÉ hartura de primarias! ¿Por qué no paran ya?". Mi amiga Costanza expresaba algo con lo que están de acuerdo muchos de los que siguen la actualidad política en este país o, al menos, los telediarios. El resto se limita a ignorarlo o, si viven en Boston, emocionarse con los Celtics o los Red Sox. Tienen razones para ello, porque después de muchos años los Celtics tienen posibilidades en las eliminatorias finales de la NBA. Pero como se supone que esto es un artículo sobre las primarias, no habrá más remedio que abandonar la leyenda y la religión (los Red Sox, el equipo de béisbol, es casi una fe) para retomar las primarias Demócratas.

Y digo Demócratas porque como todo el mundo sabe, las Republicanas se decidieron casi desde el principio. McCain se dedica a recabar apoyos y a rezar para que la candidata de los Demócratas sea Hilary Clinton. Todo el mundo sabe que Obama le ganará sin problemas. Ya han comenzado a aparecer algunos manejos turbios de McCain. Harpers publicaba un reportaje en torno al think tank (centro de investigaciones sociales, pensamiento, FAES en EEUU, exilio de Caldera) que constituyó McCain después de perder las primarias con Bush en 2000. Entre otras acusaciones, el periodista afirmaba que este centro había recibido donaciones cuantiosas de personas que, posteriormente, habían sido beneficiadas por las propuestas de McCain en el Senado.

En el lado demócrata, la campaña se ha olvidado del debate de ideas. Ahora los candidatos se centran en la descalificación personal. Cierto que esta práctica la comenzó Clinton, pero Obama la ha continuado. La semana pasada, Obama realizó unas declaraciones que sembraron bastante polémica y que de inmediato fueron usadas por Clinton para fustigar a su rival. Obama afirmó que la clase trabajadora de Pensilvania está amargada y que usan la religión y las armas para olvidar su triste realidad. Nada que objetar. Todo verdad. Pero decir la verdad en plena campaña puede castigarse. Sobre todo si tienes enfrente a Hilary Clinton, a la que por cierto, no hay mes en que no tenga que ayudar a dimitir a algunos de sus asesores o estrategas. Pero volvamos a las palabras de Obama. El candidato africano y americano (como dicen sus asesores) no hacía otra cosa que hablar del mundo real. Luego tuvo que pedir perdón desdecirse, aclarar, etc. (yo creo que si tiene que ir de rodillas hasta el Capitolio, tampoco le habría importado). No obstante, es muy diáfano el postergamiento de la clase trabajadora en esta sociedad. El debate de fondo de esta campaña (por mucho que las televisiones se empeñen en destacar la raza o el género) es de clase.

Cuando la gente habla de sanidad, de las pensiones o de la poca influencia que tienen en las decisiones que toman sus políticos, están poniendo sobre el tapete los problemas reales y no los ideales del país. La religión debe servirnos para reflexionar sobre nuestra realidad, no para huir de ella.

Es muy difícil sentirse representado, cuando las instituciones que se encargan de ello están formadas casi en su totalidad por multimillonarios (me refiero a Congreso y Senado de EEUU). O cuando el porcentaje de personas sin seguro médico o con seguro que al final no cubre, o tarda en cubrir, las enfermedades más importantes crece día a día. O cuando la renta media de los trabajadores en EEUU no ha dejado de disminuir desde los ochenta. Este es el mundo real. No la política ficción que a veces se trata de vender.

Y hablando de vender ficciones. Me han llegado noticias de que algunos en España se dedican últimamente a ensalzar las maravillosas virtudes de las primarias en EEUU contraponiéndolas a la falta de democracia interna de los partidos españoles. Los partidos españoles tienen un acusado problema de democracia interna (y eso siendo piadoso). Pero de ahí a poner como ejemplo las primarias en EE.UU. media un abismo. Y si me apuran, considero menos dañino el sistema español que el de este país. Las primarias tienen aspectos muy positivos, como la participación de la gente, la organización ciudadana o el debate de ideas. El problema reside en que las campañas se han convertido en algo muy caro. Las grandes corporaciones intervienen haciendo cuantiosas donaciones a los candidatos. Al final, el elegido tiene tantos compromisos que le es difícil, o imposible, hacer una política distinta. Pongamos como ejemplo las grandes aseguradoras que donan buenas sumas de dinero a los candidatos. ¿Estarían por la labor de permitir una reforma en el sistema de salud? Sólo si les alcanzara un rayo divino o algo así y, últimamente, escasean.

Lo ideal sería un sistema de primarias, sin las influencias que he mencionado y que permitiera el debate de ideas y la organización ciudadana. Pero eso está lejos aquí y allí. Mientras, el dedo de la pasta o el dedo del político de turno deciden el futuro del partido.

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