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LA TORRE DEL VIGÍA

Juan Manuel / Sainz Peña

Ricos de televisión

SE han puesto de moda, hace ya un par de años, esos programitas televisivos de las cadenas privadas en los que aparecen los ricos, sus casas, sus lujos, sus dispendios, y sus modus vivendi, donde no se recatan (ni las cadenas ni los protagonistas de los reportajes) a la hora de decir cuánto cuestan sus casitas de tres plantas, piscina climatizada, helipuerto, y legión de chachas, chachos y siervos más propios de los tiempos de la antigua Roma que de estos actuales. En España, donde la tasa de paro, además de indecente es galopante, y donde hay un montón de familias que, sencillamente, no tienen otra cosa que la caridad de los demás, llámese comedores sociales, solidaridad vecinal o ayudas anónimas, tales programas son, cuando menos, una indecencia.

Ya he dicho en otras ocasiones que no veo la tele (salvo los partidos de basket y el fútbol, para desgracia de mi santa esposa), pero cuando hay un descanso y salen esos reportajes, este servidor, cansado de ese bombardeo que se acerca a la provocación, cambia automáticamente de canal.

No sé qué tendrá de interesante saber en qué tienda de la calle Serrano compra Borja Mari, o cuánto se gasta Piluca en hacerse la depilación de la sobaquera y los países bajos. Imagino que a ningún currito español ni a ningún parado le será de mucha utilidad (salvo para entender que las diferencias sociales siguen ahí) conocer la viruta que un megaultrapijo o sea, se pule un día de tiendas, de esos que se echan para aliviar la depresión después de haber perdido el móvil de última generación bañado en oro.

No sé, en fin, para qué nos meten, con la que está cayendo, estas mierdas por los ojos, cuando el que más y el que menos hace encaje de bolillos, no ya para llegar a final de mes, sino para sobrevivir, y debe ver en estas perlas de programas todo lo que jamás tendrán (lo que jamás tendremos), y lo que, por cierto, tampoco tiene por qué darnos una felicidad que a algunos les llegaría simplemente con sueldo y un pan que llevarse a casa.

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