El boxeo es un espectáculo justamente postergado en los medios y en las preferencias del público. Mal se le puede llamar deporte a un ejercicio que consiste en que dos adultos se machaquen a puñetazos con la insana intención de que uno de ellos pierda el conocimiento y quede tumbado en la lona, por más que su épica haya inspirado páginas notabilísimas de la novela, el cine o la música popular. El duelo del Estado contra el separatismo catalán ha adquirido en las últimas semanas características que lo podrían asemejar a algunos de los grandes combates de la historia, como los que enfrentó a Joe Frazier y Mohamed Alí en los primeros años setenta del siglo pasado.

Parecía que el 1 de octubre los independentistas habían logrado colocar un derechazo potente en la mandíbula del Gobierno: el espectáculo de las cargas policiales y el hecho incuestionable de que un montón de gente había votado en un referéndum ilegal dejaba a Rajoy rodilla en tierra y a Puigdemont, en su esquina, envalentonado. Pero el Estado es mucho Estado y crecido con el castigo desplegó su estrategia en una serie de golpes bien coordinados: potente discurso del Rey, desbandada de empresas incluida Caixabank, ocupación de las calles de Barcelona en una de las manifestaciones más espectaculares de las últimas décadas, cambio de actitud del PSOE y como colofón gancho de la Unión Europea negando cualquier posibilidad de reconocimiento al separatismo.

Resultado: Puigdemont compareció el martes en el Parlamento catalán arrinconado e intentando protegerse de la paliza que le estaban dando. Su afición, decepcionada, le pitaba e incluso alguno de sus segundos más fieles amenazó con tirar la toalla a la lona. La situación, sobre todo después de la comparecencia de ayer de Rajoy, apuntaría hacia una posible victoria por KO. El rival da muestras de estar grogui. Pero quizás no habría que apurar las cosas demasiado y conformarse con una victoria a los puntos. Por lo menos, en una primera fase. No hay que despreciar al rival ni hay que descartar que se rehaga y vuelva al ataque. Más vale entender que tiene detrás a muchos cientos de miles de ciudadanos y que si se ha llegado a la situación en la que estamos no es sólo por la locura de un iluminado y su pandilla.

Quien le echa un pulso al Estado lo pierde, así debe ser y así será también en esta ocasión. Pero un combate como este debe servir para sacar lecciones y aplicarlas. Eso lo entiende cualquiera. Lo entendieron incluso Frazier y Alí entre las doce cuerdas míticas del Madison Square Garden.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios